Alejandro Amado

Morelia, Michoacán.- A sus 29 años, Diana se practicado dos abortos. Los dos fueron en condiciones totalmente distintas.

El primero a sus 18 años, en un lugar clandestino por un costo de 15 mil pesos y un médico que se mofaba al momento de la intervención. El segundo en Marie Stopes, una asociación dedicada a la educación sexual con sede en la Ciudad de México, donde el aborto por elección es un derecho hasta la semana 12.

Diana recuerda de forma muy diferente ambas experiencias.

“Cuando tenía 17 tuve que abortar de forma clandestina en un lugar que no tenía las mejores condiciones. El médico que se portó conmigo como si fuera la peor basura. Al tipo se le notaba que se estaba burlando, que lo hacía únicamente porque le pagaba.

“Me cobró 15 mil y la manera en que me trató fue muy fea. Derivado de ello tuve una depresión, no tanto por la decisión que había tomado sino porque me sentí juzgada, sucia, como si estuviera cometiendo un crimen. Practicarse un aborto es algo que sucede con más regularidad de lo que la sociedad quiere aceptar”, dice.

Pasaron casi 10 años cuando se vio obligada a recurrir de nuevo a una interrupción del embarazo. En aquella ocasión su pareja se le escondía para hablar sobre el tema. Luego de platicar se comprometió a apoyarla, pero eso no sucedió. Otra vez tuvo que enfrentar sola la decisión. Pero esta vez la experiencia fue distinta.

“Tenía 28 años. Fue en 2015. Sabía que en el DF podía hacerme una interrupción legal del embarazo. Vi que había que hacer unos trámites y tenía que estar varios días en una clínica de Salud del Gobierno, cosa que no podía. Opté por tratarme con Marie Stopes. Me ofrecían pastillas y aspiración, y opté por lo segundo porque tenía 9 ó 10 semanas”.

Michoacán y CDMX: una diferencia abismal

“Cuando le dije que lo que estaba pasando se escondió. Tuve que casi jalarlo para hablar. Me dijo que si yo quería nos lo aventábamos. Quedó de acompañarme, pero al final ni lo uno ni lo otro. Me dolió, porque ya habíamos hablado de tener hijos”.

En esa ocasión pagó 10 mil pesos, pero con un equipo totalmente profesional que no la juzgó por la decisión que tomó.

“Fue un lugar en donde todo mundo se portó amable, donde te tratan como ser humano. La diferencia entre que sea legal y que no lo sea es abismal”.

Destaca, además, la tranquilidad que siente la propia mujer cuando percibe que no se le juzga.

“La manera en que enfrentas esa decisión cuenta mucho. No es como sacarse una muela, tiene peso. El hecho de que lo hagas en un lugar especializado y con gente que respeta tu decisión, es la diferencia”.

“No tienen derecho”

Sobre el clero y los grupos conservadores que buscan incidir para evitar que se apruebe la interrupción legal del embarazo en Michoacán, cuya iniciativa está en comisiones del Congreso, opina que nadie que haya pasado por una situación así tiene derecho a ser categórico al respecto.

“Nadie debería ser obligada a ser madre si no quiere ser madre. No es fácil esa decisión y vives con ello el resto de tu vida. Yo tomé la decisión que, estoy segura, fue la mejor.

“Cualquier persona que no se vea en esa situación, sean religiosos o legisladores, no tiene derecho a decir nada. Creo que la decisión debe ser de las mujeres, y que debes tomar en cuenta a tu pareja. Pero alguien ajeno a esa relación no tiene ningún derecho a opinar, es meterse en tu vida privada”.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí