Violencia: lo que es México y lo que parece
Lo dicho: si no estamos entre las países más violentos del mundo, todos los días -o casi todos- nos empeñamos en que así parezca. Los acontecimientos no se presentan a nuestro favor.
Ayer en Culiacán fue asesinado el periodista y escritor Javier Valdez, fundador del semanario RíoDoce -que se especializó en temas del crimen organizado- y corresponsal del diario La Jornada. Horas más tarde, en el municipio jalisciense de Autlán de Navarro, fue víctima de un atentado la subdirectora del semanario El Costeño, Sonia Córdoba Oceguera. Su hijo que la acompañaba quedó muerto en el lugar.
Esas noticias dan la vuelta al mundo, y si México no está en guerra -y lo estamos en estricto apego del término y a pesar de las sandeces de Felipe Calderón-, parece que sí lo está: 2006 se cerró con casi 30 mil homicidios violentos relacionados con la delincuencia y/o enfrentamientos; en lo que va de este año, y lo acaba de reconocer el presidente Enrique Peña Nieto en la última reunión de la Conago, los índices de violencia los han rebasado y vuelto a ubicarse en los peores niveles del sexenio pasado; los estados de Tamaulipas y Puebla han sido escenarios recientes de auténticos campos de batalla, y con el asesinato ayer del periodista Javier Valdez, nuestro país se ubica en el tercer lugar mundial de las naciones más peligrosas para el ejercicio periodístico.
Según Reporteros sin Fronteras, en esto último, sólo estamos atrás de Siria y Afganistán, ellos sí países en guerra. Los números así lo delatan: del año 2000 a la fecha, han sido asesinados 105 periodistas. La cifra es avalada por las denuncias que hay en la Procuraduría General de la República (PGR); a estos homicidios se suman otras 400 agresiones y/o amenazas que han sufrido reporteros y medios informativos en el mismo periodo.
Impunidad y corrupción es la marca
Este panorama, de por sí gris, se oscurece más por la corrupción e impunidad que cada asesinato y cada hecho de violencia deja al descubierto, en una estela de muerte y desazón.
Ayer mismo, en el caso del robo de combustible, por ejemplo, hubo una reunión del gabinete de seguridad con los gobernadores de las cuatro entidades más afectadas por el ilícito: Puebla, Guanajuato, Veracruz y Tamaulipas. Se informó de acciones de “inteligencia” contra los chupaductos o huachicoleros o como se les quiera llamar y de acciones para reforzar la seguridad; ya a Puebla, la semana pasada, fueron enviados 2 mil 500 soldados para combatir la ordeña ni tan clandestina de los ductos de Pemex.
¿Pero qué creen? Nada se dice de lo que harán contra el corrupto sindicato de Pemex ni la evidente complicidad que hay desde la empresa. Tampoco de las acciones que se emprenderán contra los transportistas de carga, concesionarios del transporte público y particulares que fomentan (¿financian?) el robo de combustibles.
¿No seria hasta mas económico para el Estado mexicano ir al origen del problema?
Y en cuanto al asesinato de periodistas, otra vez ayer, golpes de pecho y condolencias de todas partes… Pero ¿y cuántos de los crímenes cometidos en estos años se han resuelto?
La respuesta es lapidaria: ninguno
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!




