Redacción
Morelia, Michoacán.- Se impuso lo impredecible que hace aún más hermoso y apasionante al fútbol. Más, mucho más, cuando gana el equipo de casa. Y hoy ganó el de los michoacanos, que lo celebran todos, o casi todos. ¿Qué tan delgada es la línea que separa la tragedia de la gloria? Lo suficiente para hacer del juego el estado perfecto de las emociones que se vacían en el grito que todos queremos gritar: goooool.
Anoche fueron dos goles de Monarcas-Morelia, dos gritos que valieron todo el torneo: cada uno de ellos encajados a Monterrey valieron la permanencia y la categoría de primera… Y con regalo inesperado: el pase a la liguilla por el título del Clausura 2017 de la Liga MX.
Sí, así es aunque parezca increíble. Los jugadores del equipo michoacano fueron a Monterrey e hicieron lo que tenían que hacer: salir a ganar. Y como es más fácil lograrlo con esa actitud, lo consiguieron.
No estuvimos en el vestidor durante la charla técnica, pero como aficionados lo podemos percibir: seguro que cuando caminaron rumbo a la cancha, la mente de los jugadores no estaba en el partido Atlas-Jaguares que se jugaría en el estadio Jalisco, sino en el Azteca, donde América y Pachuca buscaban boleto a la liguilla.
Ya para las 21 horas de este sábado, solo quedaba uno. Dos horas antes, los Tigres del Tuca Ferreti se habían hecho del otro disponible con que llegamos a la última fecha, desplumando 5-1 a los Gallos -ayer parecían guajolotes- de Querétaro.
Los jugadores de Monarcas sabían que ganando a los regiomontanos la suerte de correría de su lado: viejos rivales que no se dan tregua, Pachuca y América se despedazarían. Al término del duelo ninguno quedaría vivo.
Y si los dirigidos por Roberto Hernandez saltaron a la cancha de Rayados con esa seguridad, los aficionados intuyeron, olieron la posibilidad de la gloria: a las 22 horas, todos los ojos de los seguidores de Monarcas estaban ya puestos en el Azteca.
¡Y cómo no! Los resultados parciales de los tres juegos que se programaron en la noche saboreaban del éxito: empezaban el segundo tiempo y esto decían los marcadores: en Monterrey, Morelia ganaba 1-0; en Guadalajara, Jaguares le pegaba al Atlas por el mismo tanteador… Y en el Azteca, América perdía 2-0 con Pachuca.
La euforia se desató: salvación y pase a la liguilla caerían en la misma bolsa del gran regalo.
Corrieron las acciones. América empata en Azteca. Mala noticia que dura apenas unos minutos. Pachuca vuelve a tomar la delantera: 3-2. Y ya, ¡que esto se acabe!
Pero, ¿qué tan delgada es la línea que separa la tragedia de la gloria? El impredecible fútbol otra vez se puso a prueba: minuto 85 en Monterrey, penalti contra Monarcas… Y un empate que hizo rodar algunas, muchas lágrimas. Se pensó lo peor.
Faltaban siete minutos. Y se contaron… 90, 91, 92 es tiempo de compensación, el árbitro está a punto de silbar el final… Y goooool de Monarcas, anotación de Raul Ruidiaz.
Va de nuevo: de la tragedia a la gloria… Con regalo completo. ¿Alguien quería más emoción?
¡No, pues! Venga el festejo… ¡y que venga Tijuana!
Después de este regalo inesperado en una noche mágica, ya todo puede suceder.








