Liliana Jiménez
Morelia, Michoacán.- Al borde del colapso está el área de Bomberos del municipio de Morelia, con seis unidades paradas por descomposturas mecánicas. Únicamente cuenta con una motobomba para atender eventuales emergencias y contingencias que pudieran presentarse en esta capital y sus 14 tenencias.
Si hoy se registrara un incendio de grandes magnitudes que, incluso, pudiera poner en riesgo la integridad física de los morelianos, los bomberos no tendrían la capacidad técnica de atenderlo por falta de equipo para trabajar.
A esta fecha sólo funciona la máquina M-113 y dos camionetas Pick-Up, que se usan para el traslado de primer contacto. La máquina M-122 se desvieló esta semana por falta de mantenimiento. Sufrió la falla mecánica en la colonia Ciudad Jardín, cuando sofocaba el incendio en siete viviendas que se quemaron.

Actualmente 6 unidades, entre motobombas y pipas se encuentran descompuestas y paradas en la estación central, ubicada en el Libramiento Norponiente frente a la Terminal de Autobús de Morelia (TAM). La autoridad responsable no las envía a reparar a un taller.
Eduardo Ramírez, director de Protección Civil Municipal y Bomberos de Morelia, por su falta de experiencia en el tema de Protección Civil, ha provocado la crisis e incertidumbre entre los bomberos, a quienes prácticamente los tiene al borde de cerrar las puertas del organismo, por no tener equipo para salir a las calles a combatir el fuego u otros servicios que requiera la ciudadanía.
Un aspecto de gravedad en la crisis que enfrenta la corporación de auxilio es que Ramírez no ha proporcionar uniformes nuevos, equipos, botas y otros implementos a los bomberos, quienes tienen más de cinco años sin renovarlos, lo que los hace obsoletos y ponen en riesgo la vida misma de los apagafuegos.

Ya han resultados lesionados bomberos por portar botas rotas, y sin mascarillas, cuando combaten el fuego, situación que la conoce el director, pero no resuelve el problema.
Mientras que el funcionario porta uniformes nuevos, una moto oficial que es de su uso exclusivo, una cámara portátil en su casco –con valor de 17 mil pesos-, así como una camioneta totalmente equipada y un equipo para manejar su imagen a través de una página y en redes sociales, el equipo para apagar incendios está prácticamente desvalijado.
Esa situación tiene desesperados a los 34 bomberos, algunos con más de 15 años de antigüedad, sin aumento salarial. En el caso de los Vulcanos por contrato, perciben un ingreso quincenal de 2 mil 600 pesos y los de confianza 2 mil 900 pesos, insuficiente para mantener a sus familias, lo que los obliga a buscar un segundo empleo.

Lo más grave es que los bomberos voluntarios no cuentan con un salario, ni prestaciones y por igual arriesgan su vida que un bombero de paga, quienes portan uniformes prácticamente inservibles.
Si resultara lesionado un bombero voluntario, su familia tendría que solventar sus gastos médicos y quizá su funeral, que por fortuna hasta el momento no les ha ocurrido alguna desgracia.
En la Estación Central de Bomberos se vive desánimo, desesperanza y enojo entre los llamados apafuegos que diariamente arriesgan su vida para garantizar la integridad de los morelianos ante cualquier contingencia, con el equipo obsoleto que tienen, sin que el presidente municipal Alfonso Martínez voltee a resolver esta problemática y ponga orden.
Mientras tanto, los bomberos únicamente trabajarán con la máquina M-23 para cualquier contingencia, que será trasladada a la base central para de ahí salir a los servicios que se requieran, quienes “piden a Dios que no se vaya a descomponer”, durante el traslado, porque entonces ya no habría forma de que salgan apagar el fuego.

El nombramiento de Eduardo Ramírez al frente de Protección Civil y Bomberos, será recordada como el responsable de la extinción de bomberos. Cuando en la época de su padre Ramón Ramírez, fue una de las mejores equipadas, no sólo de Michoacán, si a nivel nacional.
Actualmente la Base de Bomberos está convertida un “museo”, al contabilizarse seis unidades paradas por descomposturas; equipo obsoleto que portan los bomberos y bases cerradas por falta de mantenimiento. No se ve reflejada la inversión del presupuesto que cada año aprueba el Cabildo para el área de Bomberos.







