Elecciones de arrestos

Las elecciones en el Estado de México están que arden. Alfredo del Mazo Maza, del PRI y representante del Grupo de Atlacomulco, igual que Enrique Peña Nieto, no tiene el triunfo comprado ni fácil, como se auguraba. Una grieta más en el desquebrajado sistema priista.

Confiando en las encuestas publicadas por el diario Reforma de la ciudad de México, el candidato del continuismo apenas tiene un 29% del favor electoral mientras que el 42% declara que jamás votará por el PRI.

Por su parte, la candidata de Morena, Delfina Gómez Álvarez, según la misma encuesta, tiene el 28% a su favor, lo que la coloca con empate técnico frente a Del Mazo Maza, seguida por Josefina Vázquez Mota, del PAN, con el 25% de la predilección.

Esta situación ha hecho que el nuevo PRI saque a relucir sus viejas mañas y trucos para alcanzar, como antes, y usando el argot de la época, el carro completo con urnas embarazadas usando la operación tamal, entre otras.

Perder el Estado de México es perder el termómetro nacional. Ya cedieron Oaxaca, Michoacán, Puebla, Chiapas, Guerrero…, entidades que antaño eran prototípicamente priistas y representaban sus baluartes. Queda la cuna ideológica del partido. No lo pueden perder; y con la desesperación, son capaces de lo que sea. Hasta de aprovechar los arrestos de sus propios exgobernadores para levantar la moral abatida al interior del partido y del electorado.

Triunfalista, como siempre, Enrique Peña Nieto, anunció a los cuatro vientos el 17 de abril de 2017, que la detención de Tomás Yarrington, en Italia, y Javier Duarte, en Guatemala, ex mandatarios estatales de Tamaulipas y Veracruz, respectivamente, es un mensaje firme y contundente del Estado Mexicano contra la impunidad.

Qué rápido olvida Peña Nieto que presentó a Javier Duarte, en 2012, junto con Borge, de Quintana Roo, y César Duarte, de Chihuahua, como el nuevo PRI, los que hacen la diferencia porque actúan diferente. Ahora todos ellos están acusados de robo, malversación de fondos, nexos con el crimen organizado y otros delitos.

A escaso mes y medio de que sean las elecciones en el Estado de México, mismas a celebrarse el 4 de junio de este año, los arrestos de Tomás Yarrington y Javier Duarte caen como anillo al dedo para inyectar vida a un candidato, como Alfredo del Mazo Maza, que se asfixia ante el peso de su propio apellido y de la inconsistencia de su partido, que pasa de Guatemala, como Duarte, a guatepior.

El presidente habla de coordinación entre los organismos de justicia mexicana y la policía internacional. No menciona que la detención de Yarrington se debió a una petición de los Estados Unidos, quien tiene levantado cargos en contra del tamaulipeco, a la Interpol. México se levanta el cuello porque le conviene. Qué casualidad que a dos de los más buscados del país, en una semana vacacional, se les encuentre en el extranjero. Oportuno el golpe mediático. Upercut certero del sistema para alabarse; y ya se sabe que alabanza en boca propia es vituperio.

Las elecciones en el Estado de México definirán, por lo menos en lo estadístico, el rumbo que puede correr el país en las federales de 2018. Por eso, Peña Nieto y su partido muestran su desesperación. Temen perder, de nuevo, a la gallina de los huevos de oro. Mejor negociar la detención, con arrestos, de su propia gente, para que parezca, pues no hay otro término más que la simulación, que el gobierno nacional hace algo por la impunidad de sus propios herederos.

Definitivamente, perro priista sí come a perro priista.

Pero esta es tan solo mi opinión.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí