Alejandro Amado
Morelia, Michoacán.- Al menos nueve de cada 10 personas recluidas en el extinto penal “Francisco J. Múgica” tomaban talleres de capacitación para el trabajo, los cuales eran parte de las actividades de reinserción social.
Los de mayor demanda eran la talabartería y la carpintería, cuyos productos vendían ahí mismo o a través de sus familiares, pero también los había de repujado artesanal, artesanías, pastas, pinturas y acabados. Apenas el 3 de marzo se entregaron 33 constancias por este taller y 44 por otro de velas artesanales.
Apenas se acababa de abrir el taller de panadería cuando la Secretaría de Gobierno tomó la decisión de mudarlos. Al respecto el titular de la Secretaría de Seguridad Pública, Juan Bernardo Corona Martínez, sostuvo que el cambio es por el bien de los internos.
El Instituto de Capacitación para el Trabajo en Michoacán (Icatmi), a través de su plantel Acuitzio, era el encargado de capacitar a los reclusos, quienes obtenían una certificación en el oficio que realizaban, de manera que al salir de prisión podían presentar el documento que los acreditaba.
Si bien lo que sacaban de ahí monetariamente era poco, les daba herramientas para reinsertarse a la sociedad.

Trabajadores del lugar refieren que en general los internos del penal eran participativos, incluso les tomaron cariño; algunos hablan de ellos con voz entrecortada, aunque quizá sea también por la incertidumbre que existe sobre sus fuentes de trabajo.
Cabe recordar que entre esos trasladados están los 170 exautodefensas que continúan presos por no reunir los 120 mil pesos para cubrir la fianza que les daría su libertad.
Las condiciones de vida de los internos contrastan con los 437 pesos diarios que invierte el estado en su manutención, pero cabe aclarar que además de la alimentación, esa cantidad cubre los servicios de luz y agua, así como las actividades de reinserción.
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