Liliana Jiménez
Morelia, Michoacán.- Una historia de 65 años envuelve a la emblemática Penitenciaría de Morelia, “La Peni” como se le conoció durante décadas. Llegó la hora de que el hoy Centro de Reinserción Social de Morelia “Francisco J. Múgica” cierre sus puertas. Así lo dice el decreto de extinción.

Ni un presunto infractor de la ley más en este sitio. Ya no hay ninguno desde el sábado pasado. Los últimos 334 internos que albergaba el penal desde hace meses, fueron trasladados la noche del sábado al Cereso “David Franco Rodríguez”. Fue un operativo terso, sin sobresaltos.

Esta es una tarde, hasta de añoranzas. Hay bullicio. Familiares de los internos van y vienen por los espacios para recoger las pertenencias de sus esposos, padres, hermanos, hijos, que ya están en un lugar más digno y espacioso, cuenta el director del Cereso, Félix López Rosales.

La capilla donde miles de internos llegaron a arrodillarse para expiar culpas, luce silenciosa; no se escuchan más las alabanzas ni plegarias de los clérigos que la visitaban para orar por los miles de internos que pasaron años de su vida en este centro de reclusión, que en sus épocas de mayor crisis, allá por la década de los 80, alcanzó una población de 2 mil 500 reos.

Esta tarde el sacerdote saca ornamentos, el sagrario, vinajeras, el cáliz y demás utensilios sagrados, mientras los familiares miran el sitio donde también acompañaron algún día a sus internos con sus plegarias.

Los talleres donde las manos diestras de los reclusos labraron la madera para convertirla en finas piezas artesanales; donde el cuero en bruto se transformó en cinturones, carteras y cantimploras, y donde las mujeres aprendieron y dieron forma a bellas prendas de bordado, también son desocupados.

En las galeras-dormitorios, donde los internos se contaron mil historias de su vida, también hay ajetreo. Algunos papás sacan colchonetas y camas que algún día le llevaron al familiar interno; lo mismo en la cocina donde se guisaban toneladas de alimentos que se servían en el comedor comunitario. Miles de internos devoraban “el toro”; así le decían al menú cotidiano. Eran tiempos de sobrepoblación y no había para más.

El trajín está a todo. Personal del reclusorio desocupa espacios, empaca utensilios y lava las enormes vaporeras de 100 litros que diariamente hervían llenas de comida cuando el Cereso estaba repleto de internos.

Al fragor de la jornada, el director del penal, Félix López Rosales, quien como estudiante de Derecho conoció bien el sitio que un día dirigiría, allá por principios de los 90 cuando en una temporada acudió con su grupo de Bellas Artes a presentar una pastorela a los internos, comparte que “se siente tristeza” porque el penal se ve solo, pero a la vez alegría porque lo internos estarán en su sitio más digno y armonioso.

Reconoce en su equipo, administrativo, de base y sindicalizados, gente comprometida que hizo su mejor esfuerzo para que el emblemático Centro de Reinserción Social “Francisco J. Múgica”, aún en condiciones adversas para los internos, fuera un espacio amigable, tranquilo y sin sobresaltos.

Mientras, el personal del área administrativa sigue empacando expedientes para trasladarlos al Cereso donde fueron trasladados los últimos 334 internos. En el área de Enfermería, los médicos hacen inventarios y guardan los medicamentos que quedaron en los anaqueles para llevarlos también a los reclusos.

Esta semana será todavía de trajín, mientras el inmueble queda totalmente desocupado. El destino de la histórica “Peni” de Morelia se ignora, y qué utilidad se dará al inmueble…pero es inminente su demolición.
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