Más sobre educación y nuevos modelos

Por Alejandro Báez

Evaluaciones internacionales del sistema educativo nacional revelan que México se mantiene como uno de los países con las más altas tasas de población de quienes no estudia ni trabaja ( “ninis”); además de contar con muy bajos niveles de egreso en bachillerato y educación superior, y una de escasa inserción laboral de quienes cuentan con estudios universitarios. Por ello, de 2010 a 2013 nuestra nación no ha superado los últimos lugares en porcentaje de habitantes que no logra tener acceso a la educación y concluir sus estudios.

México ocupa la tercera posición, sólo detrás de Turquía e Israel, entre los países con la mayor proporción de jóvenes sin estudiar ni trabajar; la cifra alcanzó los 7 millones 337 mil 520 en 2014, además de que ocupamos el primer lugar de las naciones que integran la OCDE en el número de desertores escolares de 15 a 18 años. Aunque estos datos negativos lleven varios años, es importante decir que este no es un informe gubernamental, sino el presentado por la OCDE para medir las competencias educativas y laborales de los primeros tres lustros del siglo XXI.

Debe recordarse que el problema de la educación en México no es un asunto de técnica de enseñanza, de pedagogía, de computadoras, enciclomedias, disciplina o de hacer que los profesores sean puntuales. Esas son boberías con las que nos quieren engañar. El problema de la educación ha sido siempre de políticas educativas; es decir, hacia dónde se dirige el proceso educativo y para conseguir que: qué tipo de profesionistas o de técnicos queremos formar y para qué.

Además debe conocerse cuánto interés y qué presupuesto dedica el Estado a la educación en función y cómo debemos preparar o capacitar a los profesores para que se orienten hacia lo que se necesita. Para trazar la política educativa se tiene que tomar en cuenta el rumbo económico, político, cultural del país y muchos problemas aún no resueltos: ¿Cómo educar a los hijos de padres desempleados y explotados que no les alcanzan sus ingresos para alimentarlos ni para darles una vida sana? Son datos que a la OCDE no le importan; nosotros tenemos que resolverla de alguna manera.

A partir de 1982, con la implantación del neoliberalismo y la profundización de la privatización educativa los dirigentes charros se montaron en la ola y fortalecieron al caciquismo sindical que desde 1989 manipula a los profesores del SNTE. Este sindicato negocia todo con la SEP y ambos organismos han destruido parte de la educación. ¿De qué han servido los cacicazgos sindicales de Robles Domínguez, Jongitud Barrios, Esther Gordillo o Charro Díaz, sino para que el PRI y el PAN sigan imponiendo sus políticas?

La educación en México (de acuerdo a informes internacionales) no solo ocupa los últimos lugares en lectura, escritura, matemáticas y ciencias, también (y es lo más importante) se ubica en los últimos escalones en el porcentaje de inversión que se destina al presupuesto educativo, en producción de profesionistas y de investigadores. Bastaría con mirar algunos números en inversión en educación general, inversión universitaria e investigación para ver que nuestro cuatro o cuatro y medio por ciento en educación apenas es la mitad o la tercera parte de lo que invierten otros países.

Por ello, presentar en esta recta final del sexenio un nuevo modelo educativa, después de hacer crudos y crueles recortes a la educación, a la investigación, al arte y a la cultura, solo puede sonar como un grito desesperado en la oscuridad y en la soledad de Los Pinos.

¿Qué pensaría Vasconcelos de esto? La verdad, no importa; lo importante es qué piensa usted, que tiene hijos dentro del sistema educativo mexicano. Lo demás, son solo discursos políticos.

Pero esto es tan solo mi opinión.


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