Extrañamiento
Por Alejandro Báez
Margarita Zavala, aspirante presidencial panista, aseguró que la gente extraña a su esposo Felipe Calderón y a ella en el gobierno.
Su desmemoria es pavorosa. Su falta de información es inmensa. Su megalomanía es perversa. Su vanidad, inconmensurable.
A mediados de la década de los 40 del siglo pasado, la Argentina era un país pobre, ignorante y explotado por una serie de dictaduras que la tenían asolada. Es en este contexto que surge la figura de Juan Domingo Perón y su representante femenino, Eva Duarte, conocida como Evita Perón.
Entre 1946 y 1952, la figura de Evita fue fundamental para la política argentina que oscilaba entre el populismo, la demagogia, un extraño conservadurismo liberal, una especial atención a los pobres, a “los descamisados” y un sistemático ataque a los intereses de la oligarquía argentina de la época. El peronismo se convirtió en una realidad argentina que lo mismo ha sido prohibido por las sucesivas dictaduras militares que una política moderna.
Sin entrar aquí en discusiones bizantinas sobre el papel de Evita Perón (la Eva que a mí más me gusta es la de Santa Evita de Tomás Eloy Martínez [para leer la novela, puede descargarla de http://omero.humnet.unipi.it/matdid/1072/Martinez,%20Tomas%20Eloy%20-%20Santa%20Evita%20(1).pdf]), lo que es una realidad es que la figura de Eva Duarte es un referente colectivo para el argentino. Se le puede odiar o se le puede amar pero no se le puede ser indiferente. La primera dama argentina tenía carisma y por eso ha sobrevivido y convertido en una leyenda social.
Aquí en México no hay una figura de ese tamaño en las esposas de los presidentes. Ninguna ha jugado un papel fundamental en la historia de México ni se ha distinguido más que por ser la encargada honoraria del DIF o sus escándalos o por ser personajes de novela, como la realizada por Sara Sefchovich, La suerte de la consorte (1999).
Sin embargo, las dos primeras damas panistas han tenido aspiraciones más allá de su propia vocación. Martha Sahagún fue quien, en muchos sentidos, llevó los pantalones en Los Pinos durante el sexenio foxista; y Margarita Zavala, esposa de Felipe Calderón, desde hace meses anda haciendo pre campaña, ya que sus aspiraciones de ser la continuadora de su marido, son evidentes.
Sin embargo, Margarita Zavala va de declaración estulta al Alzheimer de sí misma, pasando por la egolatría evidente de la familia Calderón: ahora resulta que los mexicanos la extrañamos como los estadunidenses a Obama. Hasta la comparación es aberrante.
¿Cómo extrañar a alguien quien tiene las manos manchadas de sangre por los niños de la guardería ABC de Sonora? ¿Cómo extrañar a alguien que apoyó la masacre desatada por su esposo, en su guerra contra el narco, donde las bajas civiles, que se cuentan por miles, son solo “daños colaterales”? ¿Cómo extrañar a alguien que sustenta su aspiración presidencial en descalificar (aunque en esto se parece a todos los demás)?
Lo extraño es que ni ella ni su equipo se dan cuenta de la realidad en la que dejaron a México; y ahora quieren salvarnos. No se dan cuenta o no se quieren dar cuenta.
Su megalomanía es evidente. Pobre de México con aspirantes presidenciales como Margarita Zavala de Calderón. Que la extrañen en su casa.
Pero esto es tan solo mi opinión.
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