El gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles, anunció ayer formalmente su precandidatura presidencial. Está puesto y listo para contender por la postulación de su partido, el de la Revolución Democrática (PRD), al que pretende abanderar en los comicios de 2018 como -enfatizó- la fuerza de izquierda que esperan millones de mexicanos: incluyente, abierta al diálogo y dispuesta a los acuerdos que tanta falta hacen en el país.

Defendió apasionadamente la historia del PRD -del que es militante fundador- y advirtió que contra quienes lo dan por vencido y lo relegan a priori, se trata de “un proyecto vivo”, que con organización y compromiso de los que están dispuestos a mantenerse firmes en su militancia, puede ser muy competitivo.

Ya dada la nota, lanzó la idea que pudiera ser el eje de su plataforma: la propuesta de consolidar un gobierno de coalición, ante el agotamiento del régimen presidencialista. Sin exagerar, desde ahora deberíamos de apuntarlo, pues se trata de un planteamiento que puede ser el centro del debate por venir. ¿Y por qué no? La alternativa que los mexicanos esperan.

Si bien ya antes otros la han expuesto, lo destacable en el caso de Silvano Aureoles es que por primera vez se escucha en voz de un precandidato presidencial, en línea clara de resultar ser uno de los contendientes por la primera magistratura en las elecciones del próximo año.

La propuesta ahí quedó. Deslizada en la oficialización de sus aspiraciones y propuestas políticas, que no hay que descartar. Porque también es cierto que el presidencialismo, que durante décadas dio forma y sustento al régimen mexicano, perdió vigencia con el paso a la alternancia y el fin del autoritario modelo político del partido único y todopoderoso.

Con la desaparición de las mayorías absolutas en las cámaras legislativas,  hemos llegado, ni más ni menos, a la imposición de la necesidad de dar paso a un nuevo modelo de gobierno y un sistema político que garanticen la estabilidad y la integridad de la nación, así como la definición y ejecución de políticas políticas públicas que atiendan y reflejen las demandas de los ciudadanos.

La propuesta, pues, ahí está. Habrá que pensarla y habrá que debatirla. Llegará el momento, como también la hora de las definiciones que se quieren para nuestro país, a punto de entrar a la tercera década del siglo 21, con todo lo que ello significa y obliga para romper el viejo molde que aún nos perturba del siglo pasado.

Ese es el apunte que, a nuestro juicio, no hay que perder de vista de “la nota”. Sí, Silvano es ya precandidato presidencial declarado y como marca y obliga el ambiente crispado que se vive, le entró duro también al debate. Le pegó a los visibles y muy probables contendientes -¡ni modo que no lo hiciera!- y se envolvió en la bandera que cree suya. Ya está en su papel.

Muy bien. Pero no dejemos de lado la propuesta que deslizó y que seguramente impulsará: el gobierno de coalición.

A final de cuentas es lo que vale. Lo que perdurará. El debate empezó y la campaña se anticipa larga, ardua. Lo que cuenta, sólo eso,  es lo que se contará.

Lo leyó usted en primeraplananoticias.mx

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