José Cacho
Morelia, Michoacán.- A los 20 años su vida cambió. Libertad por cárcel. Llegó embarazada al Cereso “David Franco Rodríguez” Mil Cumbres y ahí se convirtió en madre de un niño que hoy tiene dos años.
Yesenia, oriunda de Guerrero, confía en que su libertad es cosa de espera. Pero mientras esto no ocurra, su condición de reclusa la obliga a pensar en un futuro “adentro”. Quiere ser sicóloga infantil para ayudar a los niños, que como el de ella, necesitan atención profesional.
“Quiero ser sicóloga infantil, me ha gustado eso, ahora sacaré adelante a mi pequeña familia y que nada le falte a mi hijo; al estar aquí uno mismo se conoce, madura y deja las tonterías que uno pensaba, y yo quiero salir, sólo espero la resolución a mi favor”, comparte.
La joven interna, que como otras 247 mujeres están recluidas en este penal, espera iniciar en libertad la licenciatura de Psicología, o antes si las autoridades del Cereso consiguen llevar el programa académico a las internas, pues sabe que la directora del anexo femenil, Silvia Cipriano, ya lo gestiona con la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH).
Dice que nada es imposible. Aquí cursó el bachillerato, ahora es parte del coro cristiano y se mantiene de la venta exterior de huaraches que aprendió a tejer; y aquí ha aprendido de las mujeres que, como ella, ingresaron embarazadas y han dado a luz en el reclusorio, y ahora luchan día a día para dar lo mejor a sus hijos y superar la situación que afrontan.
Yesenia comparte que el tratamiento que ha recibido en reclusión es integral, se ha desarrollado y aprendido cosas nuevas, y cuenta que cuando sea libre buscará establecer un negocio taller de huaraches, con ayuda de su hermano, quien la visita con frecuencia; él es policía recién graduado en Morelia y la alienta a seguir adelante.

En esta zona del Cereso hay una Estancia Infantil donde personal especializado cuida y da atención a 11 pequeños, todos de mamás internas. Los infantes se divierten en el área de juegos, mientras Yesenia comparte su historia. Cuenta que fue recluida por su inmadurez, exceso de confianza, por tomarse todo a la ligera y por gastar su dinero en amistades falsas.

La historia
“Llegue aquí el 26 de octubre de 2014, tenía 4 meses de embarazo. Ahora mi hijo tiene casi dos años, nos han tratado bien. A veces me siento desesperada, le llamo a mi madre y comienzo a llorar, pero las compañeras me han ayudado a que madure y que salga pronto para que a mi hijo no le falte nada”.
Relata que llegó a Morelia, trabajó y ganó dinero rápido que lo gastaba en comprar amistades para ir a festejar, independizarse y rebelarse de sus padres. Al vivir sola se hizo de una amiga con la que salían con “malas compañías”.

“Cuando eres joven hay un momento en que te quieres rebelar, tienes exceso de confianza y crees que andar con cualquiera despilfarrando dinero es lo mejor, pero no sabes con quién te metes hasta que estás sumido en un problema grande, a mí me inculparon por un homicidio en el que no tenía que ver, mi amiga me traicionó y me echó la culpa a mí”.
Dice en su testimonio de vida que su amiga salía con un profesor y que después de tener problemas en esa relación, “a sangre fría” planeó y mandó asesinar al maestro. Señala que su amiga, arrepentida, y siendo menor de edad, desesperada porque se supiera que era la autora intelectual, culpó a Yesenia.
“Ella era menor y asesinó a su novio. Para que no la atraparan acudió a las autoridades y me incriminó. Una noche me llamó y me insistió en que le prestara dinero, yo no quería, pero accedí y cuando salí de mi casa ya me esperaban los policías, pues ella dio todos mis datos.
“Me agarraron a la fuerza, yo estaba embarazada, me golpearon y tenía miedo de perder a mi bebé. Esa noche fue eterna porque me preguntaban si vendía droga o porqué había mandado matar a esa persona, me golpearon y tuve que firmar los papeles; ahora estoy aquí por algo que no hice”, cuenta.
La joven señala que a causa del forcejeo y tortura, el embarazo fue de alto riesgo, pero después de cuidados y de encomendarse religiosamente, el parto fue sin problemas y hoy su hijo se desarrolla sanamente, en las condiciones que ella y las autoridades del penal le pueden proporcionar. Dice que en su caso se logró comprobar abuso de autoridad al momento de su detención, pues se encontraba embarazada.
“Me visita mi hermano, me calma cuando estoy triste y me aconseja. Mis padres de vez en cuando vienen, ya son grandes y viven en Guerrero. Sé de ellos porque un tío viene y me cuenta todo. Quiero recuperar mi libertad y ser una madre completa, enseñarle todo a mi hijo, pues él casi nunca ha salido”, exclama.
Así vive esta madre en reclusión. Yesenia confía en que después de la prisión iniciará una etapa renovada en su vida. Hace dos años y meses, dice, era confiada, vivía la vida ligeramente y “sentía que me comía el mundo a bocanadas, pero la realidad era otra”.
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