El tema, aunque no lo reconozcan explícitamente desde el gobierno, empieza a aclararse para todos. Algo es algo, ahora que la crisis empieza a manifestarse en su real dimensión.

Primero, Donald Trump no cambiará ni un ápice en su visión sobre México y el fenómeno migratorio; segundo, la economía mexicana no es lo suficientemente fuerte para recibir a los miles de connacionales que pueden ser deportados en caso de que siga el endurecimiento de la Casa Blanca; tercero, la mayoría de los trabajadores mexicanos en Estados Unidos luchan por su permanencia allá, y cuarto, lo urgente hoy es crear una red para la defensa jurídica y de los derechos humanos de las familias y comunidades migrantes con fuerza y peso real en territorio estadounidense.

Despojado el panorama de eufemismos, discursos patrioteros que también por acá luego se escuchan, bizarros debates y pleitos que se dejan ver como fue el caso más recientes de las marchas por la unidad nacional, más valdría entonces que Enrique Peña Nieto, legisladores, gobernadores, alcaldes, partidos políticos, CNDH, organismos civiles de defensa de los derechos humanos e incluso las cúpulas empresariales dieran un paso al frente para trabajar en una sola dirección: la defensa de los migrantes mexicanos allá, pero no para que haya deportaciones ordenadas -como insinuó Peña hace un par de semanas-, sino para garantizarles la no discriminacion, la no criminalizacion y, por supuesto, el derecho al trabajo.

Para tejer y tender esa red de apoyo a los connacionales en Estados Unidos, hacen falta recursos, hace falta el trabajo coordinado y no aislado de todas las dependencias, instituciones y organismos mencionados, hace falta el diseño de un plan que sea el eje rector de esa asistencia y, sin duda, de la colaboración y cooperación internacional, llámese la ONU, la OEA, la Unión Europea, la OCDE o el Mecanismo de Cooperación Asia-Pacífico (APEC).

El gobierno mexicano tiene que hacer valer los acuerdos multilaterales de colaboración y asistencia, así como las convenciones y tratados internacionales que reconocen a la migración como un fenómeno global, de causas y consecuencias económicas, sociales y culturales y que forma parte del derecho de los pueblos a buscar, fuera de sus lugares de origen, el acceso a fuentes de trabajo y a una vida digna.

Los responsables de la conducción del país deben sacudirse de una buena vez la idea de que se pueden construir puentes de entendimiento con el jefe de la Casa Blanca; eso no va a ser posible, no por ahora y menos en las actuales condiciones, en las que más bien se ha mostrado desconcierto, debilidad y falta de iniciativas para hacer frente al xenófobo magnate.

Así pues, ojalá que estos atisbos de claridad no sean un espejismo, que empecemos a llamar las cosas por su nombre y reconozcamos la magnitud y gravedad del problema que tenemos enfrente. Sólo así podremos dar el siguiente gran paso: con unidad, planificación, estrategia y recursos construir la red de apoyo jurídico a los migrantes mexicanos en Estados Unidos.

El tema, pues, empieza a aclararse para todos. La crisis no permite más los antifaces. Algo es algo, por lo pronto.

Lo leyó usted en primeraplananoticias.mx


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