Foto: El Horizonte

Aunque bombardeada con auténticos misiles político-ideológicos por algunos y desacreditada a priori por otros, la marcha de ayer en contra de la xenofobia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, logró el principal objetivo para el que fue convocada: mandar la señal al exterior de que el país está alerta, que hay amplios sectores sociales actuantes y vigorosos y que si bien la agresividad del jefe de la Casa Blanca es preocupante en muchos sentidos, tampoco tendrá un vecino en la frontera sur temeroso e inmóvil.

La idea de los organizadores y participantes -rectores de Universidades públicas y privadas, dirigentes empresariales, académicos, escritores y artistas, así como activistas de derechos humanos y diversas ONG- no fue mala, se planteó en el momento oportuno y encontró eco en prácticamente todos los medios y espacios de discusión y análisis del país. En al menos 20 ciudades, este domingo, se replicaron las manifestaciones, todas a la misma hora y con la misma bandera: no al muro en la frontera, no al racismo y a la discriminacion.

Vibra México, como se denominó la marcha fue vista y oída, pues, en prácticamente todo el país. Sus consignas, a pesar de los pesares de los impugnadores, alcanzó la escala nacional. De eso se trataba. ¿Y quién puede oponerse sensatamente a ellas?

Hubo desatinos, ni hablar. Los más sonados, por el protagonismo y las ansias de lucimiento personal, como el de Isabel Miranda de Wallace, la presidenta de la asociación “Alto al secuestro”, quien sorpresivamente convocó a una marcha paralela, según  ella con el mismo fin (repudiar a Trump), pero exigiendo que no hubiera consignas contra el gobierno de Enrique Peña Nieto.

La ex candidata del PAN al gobierno de la Ciudad de México se hizo bolas; ausente en su convocatoria la razón y la claridad, y peleada con el buen uso de la palabra, la mujer terminó por dar parque a los impugnadores de Vibra México y al final, ¡oh, cruel destino de los y las fantoches exhibicionistas!, resultó ella misma repudiada y obligada a salir por piernas de la manifestación en el Ángel de la Independencia.

Del ridículo de la señora Miranda no hay más que ocuparse. Se lo ganó a pulso.

Lo que cuenta y lo que vale, estuvo en las marchas que simultáneamente se organizaron en varias ciudades del país. Señal, buena señal, de que el país está en alerta; que la información, por muy diversos canales fluye y de muchas maneras une, y que no hay una ciudadanía sumisa, temerosa ni estática.

Llamada de atención también para Enrique Peña Nieto, y no tanto por las consignas que también se lanzaron contra él -como las de Miranda, bien ganadas-, sino por la evidencia, otra más, que se está achicando y que no es el líder que los mexicanos esperan y necesitan en esta coyuntura.

No son locuras ni baladronadas las que esperamos; si, en cambio, un jefe de Estado actuante y activo; propositivo y sin titubeos; con claridad y sin dobleces.

Porque si Peña cree que no pagará los costos, está muy equivocado. Los comicios del Estado de México y presidenciales del 2018 están muy cerca… No tendrá forma de apelar o esconderse en la desmemoria. Le puede ir peor.

Lo leyó usted en primeraplananoticias.mx

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