Día negro en la relación México-Estados Unidos. Donald Trump pasó de las amenazas a los hechos y ayer desató toda su furia: firmó las órdenes ejecutivas para iniciar lo antes posible la construcción de un muro en la frontera con nuestro país; la persecución, detención y expulsión de migrantes con estatus de ilegal; la suspensión de fondos federales a las llamadas “ciudades santuario” que les den asesoría jurídica y protección, y el endurecimiento de las acciones de la patrulla fronteriza.

El jefe de la Casa Blanca insistió en que México pagará “de alguna forma” la construcción del muro y sobre la negativa pública de su homólogo mexicano Enrique Peña Nieto, la minimizó: “él (Peña) tiene que decir eso, tiene que decir eso”.

¿Más agresividad? ¿Mayor hostilidad? No podía ser más duro. Fue una bofetada al gobierno y pueblo de México, sobre todo porque la firma de los decretos se hizo precisamente el día de la llegada de una delegación mexicana a Washington con la encomienda de plantear al nuevo jefe de la Casa Blanca una agenda bilateral de respeto y de mínimo entendimiento; una grosería y una amenaza a Mexico, a seis días de la reunión programada con Peña.

¿Qué sigue a este miércoles negro? Una etapa de tensión, sin duda, en la relación entre los dos gobiernos, pero lo más grave es la violencia que está desatando Trump contra los inmigrantes. Y la violencia, siempre genera mas violencia.

¿Con el muro y la persecución de ilegales saciará su xenofobia Trump? No hay indicios para el optimismo. El empresario gobernante, por sus dichos se delata: no puede ocultar su agresividad, su violencia y su desprecio por los mexicanos. No le interesa una relación de respeto y colaboración; la quiere distante, si no es que de sumisión y de aceptación a sus designios.

En lo inmediato, la pregunta ya es debate nacional: ¿debe ir Peña al encuentro pactado con Trump? La respuesta la dejo del presidente mexicano en suspenso, como en suspenso nos tienen sus enviados Luis Videgaray e Ildefonso Guajardo, sarandeados apenas pisaron suelo estadounidense. Nada se sabe de ellos.

¿Debe ir Peña el próximo martes? Si no tiene agenda propia, definida, no tiene sentido el viaje. ¿Para qué? Ante los hechos y los golpes del de enfrente, ya no hay discursos ni mensajes que valgan.

Lo leyó usted en primeraplananoticias.mx

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