No le falta razón al diputado federal Fidel Calderón cuando alega su derecho a respaldar a Andrés Manuel Lopez Obrador; falta, sin embargo, al valor de la norma y elemental congruencia política cuando se empecina en hacerlo desde su militancia en el Partido de la Revolución Democrática (PRD). Se atora y más parece un reventador, un provocador, que un hombre de ideas y de convicciones.

Más un oportunista y vividor de la grilla y el chantaje, que un político maduro y comprometido con un proyecto o una causa.

Calderón Torreblanca no es, ni con mucho, el único cuadro perredista que hace ronda al lopezobradorismo y a su partido Morena. Pero su caso se ha vuelto emblemático por el descuido en las formas, su locuaz exhibicionismo y la impertinencia de algunas de sus declaraciones y posturas públicas, que a más de uno de los militantes morenistas desquicia e irrita.

Sus mentores lo ven también como chivo en cristalería que más que ayudar puede estorbar. Pues no todo en la vida es PRD y es Morena. Y eso parece que no lo entiende el diputado federal, al que muy caro pueden costarle sus desplantes. La calificación ciudadana también pesa. Y cada día más.

Hasta ahora, el ya no tan joven legislador ha sobrevivido de la intriga partidista, de la componenda y el reparto de cuotas. ¿Creerá que eso le será suficiente para sus aspiraciones en el 2018? ¿Creerá que López Obrador y la dirigencia morenista se las comprará todas?

Como secretario de Gobierno (2008-2012) vivió a la sombra de Leonel Godoy, quien lo hizo diputado local por la vía plurinominal; de ahí brincó -transgrediendo el valor de la norma perredista- a la diputación federal, ¡otra vez por la vía plurinominal! Es decir, seis años de legislador sin hacer campaña, sin medirse ante los ciudadanos, sin hacer propuestas de cara a los michoacanos que bien a bien no saben ni cómo es que los representa en el Congreso de la Unión.

Por supuesto no es el único caso. Los hay en todos los partidos, pero resulta que Calderón al descuidar las formas, pierde el sentido del equilibrio y de la sensatez. Su exhibicionismo puede ser también el inicio de su derrota. Provocador y reventador, puede ser reventado.

Hoy los tiempos exigen una pizca de congruencia y de decencia; de claridad y de transparencia. Y si no lo cree Fidel Calderón, nomás que mire a su alrededor: ¿cómo esperará que lo midan?

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