Al final resultó más alharaca que una posibilidad real. Finalmente, ni perredistas ni panistas dieron su brazo a torcer y de la tan cantada alianza en el Estado de México todo quedó en un chisguete.

Los signos del fracaso empezaron a dibujarse con claridad hacia el último trimestre del año pasado. Aquí lo dijimos: por un lado, las fuerzas mexiquenses de uno y otro partido se habían convertido en el principal obstáculo, y por otro lado, ninguno de los dos tenía al candidato o a la candidata con la suficiente fortaleza y liderazgo para aglutinarlos y hacer más atractiva la eventual alianza.

El 24 de diciembre pasado, fecha en que venció el plazo legal para el registro de candidaturas comunes y ni PRD ni PAN dieron señales de vida, se podría decir que fue la primera palada; siguieron las de los desencuentros de inicios de 2017, y todo fue enterrado anoche, con el vencimiento para el registro de coaliciones.

No hace falta mucha imaginación para afirmar que las sonrisas de oreja a oreja aparecieron en Los Pinos y en la sede nacional del PRI. La ecuación es muy sencilla: el voto fragmentado de la oposición, esta vez como en ninguna otra ocasión les favorece, y las cuentas dicen que salvo una catástrofe -que no está descartada, habida cuenta de lo mucho que le gusta al presidente Enrique Peña Nieto auto boicotearse- el PRI repetirá triunfo en el Estado de México; es decir, mantendrá el control sobre el padrón electoral más abultado de todo el país.

Pero además, los partidos opositores al PRI mandan una señal inequívoca: su incapacidad para ponerse de acuerdo, aun y cuando a su alcance estaba darle un golpe demoledor al priismo, precisamente en la tierra del actual mandatario y a un año exactamente de los comicios presidenciales del 2018. Esta situación, a querer o no, desalienta la participación, otro factor que favorece al tricolor.

Ahora bien, y luego del costo que seguramente tendrán que pagar por haber vendido tanto una idea -la alianza- que al final no concretaron, lo que sigue para PAN y PRD en el Edomex es remar contracorriente: ninguno de los dos tiene una candidatura fuerte que presentar.

Y que no insistan los panistas que la ex candidata presidencial Josefina Vazquez Mota es una buena opción. La verdad, ni ellos mismos se la creen. ¿O se trata de hacer malos chistes?

El PRD, por su parte, tendrá que concentrarse en el 2018. Reorganizarse y apostar a lo que tiene. No puede ir por menos.

Lo leyó usted en primeraplananoticias.mx

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