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CAMBALACHE

Un tango que me gusta mucho, escrito en 1934 por Enrique Santos Discéporo, explica perfectamente el por qué estamos como estamos hoy en día:

El mundo fue y será una porquería / ya lo sé: / En el quinientos seis / y en el dos mil también.

Que siempre ha habido chorros, / maquiavelos y estafa’os. / contentos y amarga’os. / valores y dublé…

Pero que el siglo veinte / es un despliegue / de maldad insolente / ya no hay quien lo niegue (…)

Los mismo hace ochenta años que todo el siglo XX; lo mismo el XXI que este inicio de 2017.

Es incuestionable que este año comenzó de forma un poco truculenta: allí está la llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos; los gasolinazos; la pésima recepción de las políticas de Enrique Peña Nieto; el alza del precio del dólar; nuevamente la pérdida del poder adquisitivo de los mexicanos; las marchas y los saqueos por parte de una población desquiciada y harta; las balaceras sin sentidos en Playa del Carmen, Cancún y Monterrey; el anuncio de las falsas quimioterapias aplicadas en Veracruz en la época del gobernador Javier Duarte, hoy prófugo; el asesinato de Isidro Baldenegro, defensor de los bosques de la Sierra Tarahumara…

La historia reciente de México pareciera que solo es desmesura en la tragedia. Desde que nos petrolizamos, con el descubrimiento de la Sonda de Campeche en los años 70 del siglo pasado hasta las matanzas de civiles en cualquier sexenio. Lo mismo la hipocresía de José López Portillo cuando anunció que defendería el peso como un perro y un año después justificó que él es responsable del timón más no de la tormenta.

Desde el populismo exacerbado de Luis Echeverría Álvarez hasta el populismo neoliberal de Carlos Salinas de Gortari y de su gabinete, quienes a los pobres ni los vieron ni los oyeron.

Desde los crímenes sociales y políticos de principios de los noventa del siglo pasado hasta la represión indígena y de la población civil en los últimos cuatro sexenios. Desde la burla del caso Paulette Gebara, cuando Enrique Peña Nieto era gobernador del Estado de México hasta su ingenuidad con su pregunta retórica de “¿Ustedes qué hubieran hecho?”, ante el alza a la gasolina.

Desde la pasividad de Miguel de la Madrid Hurtado, quien tardó tres días en salir a dar la cara cuando el terremoto de 1985 hasta los abusos de influencias por el caso de la Casa Blanca o la desmesura de la familia Bribiesca Sahagún, los parientes de la esposa de Vicente Fox.

Desde el abuso de poder para evitar investigaciones y cárcel a Marcia Matilde Altagracia Gómez del Campo Tonella, prima de Margarita Zavala, en aquel entonces primera dama, por su responsabilidad en el incendio de la guardería ABC, donde murieron 50 menores y más de 70 resultaron que quemaduras de distinto grado, hasta los vestidos suntuosos y la veleidad de Angélica Rivera, como primera dama…

Los políticos nos siguen diciendo que ellos son la solución. Que su trabajo y su responsabilidad es México y sus conciudadanos, que la democracia es imperfecta pero perfectible y que entre todos debemos de construirla. Palabras huecas que se las lleva el viento pues carecen de credibilidad; la ley es letra muerta y nuestra constitución, próxima a cumplir un siglo de vida, es un engendro con más de quinientas reformas que la desdibujan en lugar de fortalecerla.

El panorama nacional no es atractivo. 2017 pinta a ser un año duro en muchos aspectos. Esa conseja popular de que años nones, años de dones no parece que se cumplirá; sin embargo, la lucha y resistencia pasiva y pacífica que debemos asumir es nuestra mejor estrategia. La información, la responsabilidad social, la auténtica solidaridad, un verdadero tequio entre ciudadanos nos ayudará en mucho.

Y recordemos que las elecciones del año entrante se empiezan a cocinas este año. Allí está nuestra verdadera posibilidad de ejercer el castigo a quienes nos has saqueado en lo económico, en lo moral, en lo social y en lo nacional.

Por eso, el tango que lleva por nombre Cambalache me gusta tanto. Es un triste presagio de lo que éramos y de lo que seguimos siendo:

Hoy resulta que es lo mismo / ser derecho que traidor. / Ignorante, sabio o chorro, / generoso o estafador.

Todo es igual, / nada es mejor: / lo mismo un burro / que un gran profesor.

No hay aplaza’os / ni escalafón; / los inmorales / nos han iguala’o.

Si uno vive en la impostura / y otro roba en su ambición / da lo mismo que sea cura, / colchonero, rey de bastos, /caradura o polizón.

Qué falta de respeto, / qué atropello a la razón: / cualquiera es un señor, / cualquiera es un ladrón.

(…)

Siglo veinte cambalache, / problemático y febril. / El que no llora no mama / y el que no roba es un gil.

Dale que va, / dale nomas, / que allá en el horno / nos vamo’ a encontrar.

No pienses más, / sentate a un la’o / que a nadie importa / si naciste honra’o.

Es lo mismo el que labura / noche y día como un buey / que el que vive de los otros, / que el que mata que el que cura / o está fuera de la ley.

(Escuche el tango en su versión de autor:

https://youtu.be/vH6_jzFlkFg 

Pero esto es tan solo mi opinión.


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