El Partido de la Revolución Democrática (PRD), que se dice “traicionado” por Enrique Peña Nieto con el gasolinazo y el contenido profundo de la reforma energética, puso cara y ayer convocó a la primera movilización partidista en contra del alza a los combustibles. Reunió a miles -la dirigencia vio a más de 70 mil personas- y anunció la promoción de amparos individuales contra el incremento a los precios.
Los perredistas mostraron este domingo más vida de la que muchos les atribuían y si son capaces de sacudirse el ‘penismo’ que algunos les endilgaron cuando decidieron firmar en los primeros días del sexenio el llamado Pacto por México y el partido se convierte en actor responsable y, sobre todo, solidario del descontento ciudadano podría abrir el cauce institucional para detener la escalada de precios que, contra lo que malamente insinúa Peña, afecta a los que menos tienen, es decir, a la mayoría de los trabajadores mexicanos y sus familias.
En este escenario, la dirigencia perredista deberá ser lo suficientemente inteligente y socialmente correcta para despojar la lucha contra el gasolinazo de la cuenta electoral de este año y del que sigue. Es decir, si los del sol azteca contaminan la protesta social con su legítimo interés partidista de ganar -en alianza o no- el Estado de México, será más lo que pierdan que lo que ganen.
El desprecio y la desconfianza que a pulso se han ganado todos los partidos en México los incluye, por supuesto, por lo que hoy cualquier intento de manipular y/o lucrar electoreramente puede ser la tumba, no solo del PRD, sino de cualquier otro de los institutos políticos nacionales.
Ya vimos con las movilizaciones, bloqueos y saqueos de los primeros días de este mes, que el malestar alcanzó en algunos municipios del país niveles de verdadera crispación y que la violencia puede desbordarse y salirse de control. Y si bien puede ponerse en duda la espontaneidad de algunas acciones de protesta, también es cierto que la mayoría ya no necesita de los liderazgos políticos para salir a la calle a manifestarse.
Ahí está otro de los retos del PRD, ahora que decidió volver a la movilización callejera: intentar que la protesta no escale en la violencia y las manifestaciones que seguramente seguirán, tal vez con mayor fuerza ahora que se anuncie el incremento a las gasolinas de febrero, encuentren los puentes que se necesitan para ser escuchadas.
Ante la insensibilidad del gobierno de Peña y las acciones que algunos gobernadores y alcaldes han anunciado dizque de austeridad -lo único que exhiben es el abuso con el que han ejercido el poder político y que tanto irrita-, no es poca cosa lo que al parecer intenta el PRD: acercarse solidariamente a la gente y asumir el riesgo y costo político que un desliz o mal cálculo puede significarle.
Por lo pronto, el paso está dado. ¿Será él primero para llegar a la creación del frente nacional contra la crisis? El tiempo corre.
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