El presidente Enrique Peña Nieto tiene exactamente una semana para terminar de delinear la estrategia que seguirá en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y prácticamente toda la relación bilateral con Estados Unidos, incluyendo la seguridad interior en ambas naciones y el combate al tráfico de estupefacientes y el lavado de dinero.
Lo que viene, ya lo dijo el propio Donald Trump, no acepta vacilaciones ni titubeos. Mucho menos la improvisación en la presentación de propuestas y posiciones. La historia marcará el 2017 como el año del parteaguas en la relación con los estadunidenses; el del rompimiento de un modelo de vecindad que, salvo ajustes coyunturales, se mantuvo intacto durante décadas; será el año, también, del inicio del cambio en el orden del sistema económico y financiero internacional.
Ese es el momento histórico en el que estamos. Es el momento de la historia que a México le toca vivir con Peña Nieto como presidente y a unos meses de entrar, de lleno, al proceso sucesorio del 2018.
?Como llega Peña? Sin liderazgo político y en los peores niveles de popularidad y de aceptación entre los mexicanos. Cuestionado por la mayoría y con fuertes presiones dentro de su propio partido conforme más se acerca el tiempo de definir quien será el candidato presidencial, disputa que además se refleja en su gabinete, dividido y confrontado en privado, sólo disciplinado en público.
Peña Nieto llega al encontronazo que será con Trump, sacudido y repudiado su gobierno por la reciente alza en las gasolinas y el diésel, que provocó protestas masivas en casi todo el país, con bloqueos carreteros, marchas, toma de edificios públicos, cierre obligado en gasolineras y centros de distribución y almacenamiento de Pemex, y lo peor: nuevamente con el fantasma de la violencia que tomó forma con los saqueos y robo en tiendas y centros comerciales.
Es más, en el trato con Trump poca confianza le genera a los gobernados, desde que la reunión que sostuvieron en Los Pinos el 31 de agosto del año pasado, cuando a ojos y oídos de todos le dio al entonces candidato republicano un trato deferente, incapaz de poner un alto a los agravios que profería el magnate.
La poca claridad con la que se dio aquella cita, obligó a la renuncia del secretario de Hacienda, Luis Videgaray Caso, promotor y gestor de la visita de Trump, y hoy de regreso al gabinete como secretario de Relaciones Exteriores, con la encomienda de tender los puentes de diálogo que resistan el peso de las amenazas del próximo jefe de la Casa Blanca.
Pero ni esa supuesta cercanía de Videgaray con la gente de Trump genera confianza; mucho menos luego de la conferencia que el estadounidense ofreció hace dos días, reafirmando que apenas ocupe la Casa Blanca será un vecino distante y beligerante.
Es el tiempo que le toca Peña. Y los mexicanos, hoy por hoy, no le tienen confianza. No lo ven como el capitán que necesita el barco… Y ese es otro problema. Gran problema.
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