Dos cosas evidentes surgen tras el Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar, al que ayer llamó el presidente Enrique Peña Nieto.
Primero: con todos los recursos materiales y –supuestamente– humanos con que el gobierno cuenta, nadie parece capaz de concebir una propuesta decente. Segundo: al presidente de los empresarios, y Peña Nieto es el presidente de los empresarios, no le creen ni los empresarios
Sobre lo primero las pruebas están a la vista.
Ayer, en ceremonia pública, rebosante de la pompa con que desde sus tiempos en el estado de México Peña Nieto acostumbra a vestir sus eventos, lanzó tres ejes fundamentales para mejorar la economía de los mexicanos. Impulso a la economía familiar y la generación de empleo; Mejoramiento de las finanzas públicas y la macroeconomía; y Combate a la corrupción y defensa del estado de derecho.
Dio pistas. Habló de revisar salarios en base al impacto del alza a gasolinas a la economía familiar; de importar insumos básicos cuando sea necesario; de que los programas sociales se mantendrán; de que apoyarán la modernización del transporte público masivo y la movilidad urbana; de acompañar la reconversión a combustibles mas eficientes; de mantener finanzas públicas sanas; de cuidar los recursos públicos y el gasto social; de crecer la transparencia presupuestaria y de contrataciones; de bajar 10% el salario de los funcionarios de niveles más altos; de estímulos a la producción; de identificar todos los espacios de la economía para mejorar la austeridad; y de que la IP apoyará esfuerzos para la estabilidad de precios. Con lo anterior, dijo, se busca ahorrar 190 mil millones de pesos.
¿El problema? En ninguna parte el presidente dijo concretamente cómo impulsaría la economía familiar y la generación de empleo, cómo mejoraría las finanzas públicas y la macroeconomía, cómo combatiría la corrupción y defendería el estado de derecho. Fuera del 10% de rebaja a los salarios, nada real. Cero.
Y hoy, un día después, la Coparmex entrega una contrapropuesta, esta sí con medidas concretas y específicas: eliminar la mitad de los 37 programas sociales que el Coneval identificó como duplicados; aprobar la deducibilidad al 100 por ciento de las prestaciones laborales; establecer un padrón único de beneficiarios de programas sociales a nivel federal; evitar el aumento de la gasolina en los próximos meses utilizando recursos excedentes del IEPS y de la venta del petróleo; y establecer sanciones fiscales para los estados que incumplan con la implementación de sistemas locales anticorrupción o no homologuen su ley de cuenta pública o mejoren el índice de transparencia presupuestal. Entre otras cosas.
¿Cuál de los dos esquemas parece más preciso y específico?
Respecto de la relación con los empresarios, los hechos son elocuentes. La Coparmex no firmó la propuesta presidencial, con lo que anuncia que no le cree al Presidente. Y presentar una contrapropuesta es un desafío directo, por mucho que en sus dichos mantengan una cuidadosa mesura.
Dos concusiones: el gobierno le hace el trabajo al Presidente. Y los empresarios no confían en el presidente.
Algo bueno tiene el gobierno de Peña Nieto: ya le queda cada vez menos para que se vaya.







