El rechazo de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) a firmar el ‘Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y la Protección de la Economía Familiar’ revela que el presidente Enrique Peña Nieto y su gabinete económico pecaron de indolentes, por decir lo menos, al medir los impactos del incremento a los combustibles. Con la misma vaguedad, se sacaron de la manga el mentado pacto que, en los hechos, es sólo la presentación de una carta de buenas intenciones, que nadie cree.
Contundente en la crítica fue el organismo empresarial: La propuesta de Los Pinos les fue presentada a los firmantes ayer a las 11 de la mañana, es decir, dos horas antes de su lectura en la casa presidencial. El texto, además, “no incluye metas claras, objetivos puntuales ni métricas para evaluar los avances” de los propósitos expuestos.
¿Qué hubieran hecho ustedes?, preguntó Peña a los mexicanos el pasado 5 de enero cuando defendió el alza en gasolinas y diésel. Hoy queda claro que el mexiquense no sabe qué hacer. La aspirina que ofrece al enfermo es insuficiente. Y parece no darse cuenta que es su gobierno el que entra literalmente en estado de coma. Para el, ni la aspirina alcanza.
Efectivamente. El acuerdo que se firmó ayer en la residencia oficial -por cierto, sin la convocatoria a los partidos ni la presencia de representantes de organismos de la sociedad civil- carece de lo fundamental: no dice cuando, ni cómo ni dónde. Y resulta irreal ante las alzas que a productos, bienes y servicios ya se desató.
Puras generalidades y promesas contiene el documento: el sector empresarial se compromete a coadyuvar en la vigilancia de que no haya alza indiscriminada de precios; el sector laboral intensificará los procesos de productividad y competitividad; el “sector del campo” se compromete a trabajar en la mejora de la productividad, y el sector gubernamental llevará acciones para mantener la estabilidad de precios, modernizar el transporte público, mejorar las condiciones del crédito, impulsar la inversión y el empleo, repatriará capitales depositados en el extranjero, reducirá su gasto hasta en un 10 por ciento y estimulará a las pequeñas y medianas empresas.
No lo necesitaba decir la Coparmex, pero es de destacar sus precisiones y revelaciones que no dejan lugar a las dudas: se trata de documento improvisado. Al presidente, otra vez, se le hizo bolas el engrudo. Y le puso mas gasolina al fuego.
Los resultados ahí están: las manifestaciones de rechazo continuaron.
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