Habla mucho y no dice nada
Enrique Peña Nieto quiere hablar mucho y no dice nada. Las cifras y retórica que ofreció anoche para explicar las razones e impactos del alza en los combustibles son engañosas y algunas de ellas, verdades a medias. O sea, mentiras. Las estrellas de los Reyes Magos se apagaron apenas oscureció el jueves.
En un nuevo mensaje a los mexicanos -que difícilmente contribuirá a calmar la irritación social- dijo que el gasolinazo no tiene nada que ver con la Reforma Energética y que es consecuencia de factores externos como el alza a los precios internacionales del petróleo. Le faltó agregar que la reforma contempla precisamente para este año la liberalización de los precios de la gasolina y que en febrero están programados otros dos incrementos, hasta llegar en marzo al arbitrio de la oferta y la demanda; como quiera que sea, además, México seguirá importando más de la mitad de las gasolinas que se consumen.
Pero la mayor mentira en el mensaje presidencial viene en su muy peculiar interpretación del alza en los combustibles y sus impactos en la economía de las familias mexicanas. 60 millones de mexicanos, los de menores ingresos, sólo consumen 15 por ciento de las gasolinas, mientras que 12 millones (10 por ciento de la población de mayores ingresos), consume 40 por ciento.
Embustera por parcial la cita presidencial. O qué parte no entiende de que el enojo ciudadano es por el incremento generalizado de productos y servicios que ya está provocando el gasolinazo.
Al contrario de lo que expuso el presidente, lo cierto es que esa mayoría de mexicanos es la que asumirá el mayor costo del gasolinazo, por el incremento en los precios de los productos de la canasta básica y del transporte.
Mentira verdadera es cuando explica que si no se cuida la economía del país, a las familias mexicanas no les alcanzará para atender sus necesidades básicas, no habrá nuevas fuentes de empleo y difícilmente se podrán pagar los créditos, sobre todo los de vivienda.
Efectivamente, esos son los riesgos que enfrentan las familias mexicanas hoy, ante la amenaza que el gasolinazo representa para las micro, pequeñas y medianas empresas -principales generadoras de empleo-, el encarecimiento del crédito -que se autorizó en diciembre pasado- y el porcentaje -cada vez más alto- que del salario se tiene que destinar al transporte y a la canasta básica.
Finalmente, el jefe del Ejecutivo criticó a sus antecesores -principalmente a Felipe Calderón- por no haber asumido el costo político de retirar el subsidio a las gasolinas e invertir, mejor, en gasto social. En el sexenio pasado, de acuerdo con Peña, “se quemaron” en ese subsidio un billón de pesos.
Pero como él no incurrirá en ese error, ahora que decidió cancelar el subsidio, se podrá garantizar la continuidad de programas sociales y de los proyectos de inversión pública.
Eso dijo Peña… pero si alguien revisa los discursos del renacido Luis Videgaray -cuando era secretario de Hacienda- y del todo terreno José Antonio Meade cuando explicaron los recortes al gasto para este año, salta a la vista ¡que lo que menos habrá es inversión en programas sociales!, y tampoco se esperan grandes cosas en obra pública.
No hay, pues, elementos en el mensaje presidencial que den aliento y algo de certidumbre.
Peña habla mucho. Y no dice nada.
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