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Desde ahora hay que decirlo: los efectos en la economía local pueden ser tan demoledores como los sufridos en la crisis de 1995, que siguió al ya legendario “error de diciembre de 1994”.

Todos los factores se están conjugando y, para efectos del ingreso de las familias mexicanas, no hay motivos para el optimismo: alza generalizada en productos y servicios; moneda devaluada; encarecimiento del crédito; pequeñas y medianas empresas amenazadas; desempleo a la vista, y paralización por la caída en las inversiones, públicas y privadas.

Priva la incertidumbre. Los bloqueos en carreteras, gasolineras y centros de distribución de Pemex continuaron en prácticamente todo el país por segundo día consecutivo. El enojo es evidente y crece, pues no hay quien soporte la escalada de precios.

Las señales no son nada alentadoras: la Ford Motor Company canceló su proyecto para construir una planta en San Luis Potosí. La marca Trump es demoledora: se cayó una inversión de mil 600 millones de dólares en el país y nuestro peso se desplomó, convirtiéndose en la moneda más devaluada a escala internacional, según los analistas financieros. Y eso que aún no toma posesión.

El huracán devastador (Agustín Carstens dixit) amenaza con convertirse en la tormenta perfecta, de la que no parece haber salida. ¿Y dónde está el presidente? Su ausencia en estos días, raya en la indolencia. Displicentes, Enrique Peña Nieto y los integrantes de su gabinete atizan el fuego y su silencio es elocuente: todo hace indicar que no hay plan B.

Desde la época del inefable Miguel de la Madrid, pasmado ante la tragedia por el sismo del 19 de septiembre de 1985, no teníamos registro de un presidente ausente, al parecer rebasado.

Dicen los enterados que regresa de sus vacaciones por Navidad “el 5 o 6 de enero”. ¿Qué va a decir a los mexicanos? El alza a las gasolinas, la energía eléctrica y el gas provocó ya el incremento generalizado en la canasta básica, productos de consumo, servicios e insumos. El ingreso de las familias luce raquítico ante las desmedidas reformas en el sector energético.

Para algunos, la excención de impuestos estatales podría ser una alternativa, una señal de alivio. Difícil que esa pueda ser la oferta del jefe del Ejecutivo una vez que reaparezca, pero ahí está la posibilidad. ¿Dar marcha atrás en el alza de las gasolinas y el diésel, como se exige en las movilizaciones y bloqueos?  Sería tanto como aceptar que la Reforma Energética nació muerta.

En cuanto a la tormenta que se avecina por las presiones de Donald Trump, ¿qué esperar, si Peña y sus colaboradores están más interesados en la sucesión del 18 y los comicios en el Estado de México del próximo mes de junio?

¿Dónde están sus propuestas para la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte? ¿Quién o quiénes encabezarán las negociaciones, inevitables?

Y todo se agrava por la creciente irritación social; los bloqueos en carreteras, gasolineras y comercios -como en el caso de Michoacán-, en caso de continuar y desbordarse, pueden ser otro elemento de desestabilización económica y financiera.

Si, amenaza una tormenta. Y el capitán no aparece. Está de vacaciones.

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