¿Qué nos depara el 2017?

Inicia un año nuevo que desde finales del pasado se sabe peligroso en materia económica para todos los mexicanos. El alza en los precios de hidrocarburos, la liberación del costo del combustible, realidad inevitable de la reforma energética son el inicio de la cuesta de enero, pues con ello, subirán todos los productos, iniciando por la canasta básica, pero el salario mínimo nacional no sube ni un peso.

Además de la parte financiera, 2017 se perfila como un año en donde podremos vivir en peligro en muchas formas: políticas, sociales, judiciales, electorales, educativas, internacionales, nacionales, estatales y otros muchos elementos de un largo etcétera.

En materia electoral, México entrará en 2017 en la carrera por la meta presidencial del 2018. Todos los partidos políticos comenzarán a tener movimientos internos en busca del mejor candidato: el problema es que ningún partido tiene un verdadero caballo negro.

El PRI está en los peores niveles de credibilidad y de predilección de la población desde los setenta y ochenta. La caballada está flaca pues el nuevo PRI que tanto cacareó Enrique Peña Nieto resultaron de lo peor: Javier Duarte, ex gobernador de Veracruz; Roberto Borge, ex gobernador de Quintana Roo, y César Duarte, ex gobernador de Chihuahua. Todos ellos investigados por peculado, nepotismo, fraude, malversación de fondos y otros delitos que los colocan como el epítome de la corrupción al interior del partido tricolor.

Por su papel en la administración federal y por el puesto que ostenta, Miguel Ángel Osorio Chong, actual secretario de Gobernación, es un candidato a considerar dentro del póker político del PRI. Sin embargo, quien está haciendo trabajo de hormiga desde los años ochenta para convertirse en presidente es Manlio Fabio Beltrones Rivera pero el fantasma de la derrota electoral en doce estados en el 2015, cuando era presidente del partido aún le pesa. Pero Manlio siempre ha sabido salir avante de las peores cuitas: recordemos Lomas Taurinas, en 1994, cuando el asesinato de Luis Donaldo Colosio. Fue uno de los señalados sospechosos y terminó siendo uno de los “héroes” del sistema en su afán de castigar a Mario Aburto Martínez, el presunto asesino, a quien interrogó personalmente el mismo día del crimen.

El PAN no canta tan mal las rancheras. Partido dividido por las secuelas del poder, después de los dos sexenios en que sustentó la presidencia, el blanquiazul no puede levantar cabeza. De entrada, una posible guerra intestina y familiar se puede gestar en la búsqueda de su candidato a la presidencia para el 2018.

Una parte importante de Acción Nacional quiere llevar a Margarita Ester Zavala Gómez del Campo, esposa del ex presidente Felipe Calderón, a competir por la grande. Para ello, de manera independiente y mediante un video difundido desde el 15 de junio de 2015, está haciendo proselitismo fuera del partido, para evitar las penalizaciones del Instituto Nacional Electoral (INE). Sin embargo, en el fragmentado PAN también existe un importante apoyo a Luisa María Calderón Hinojosa, cuñada de Margarita Zavala. Podríamos ver un desenlace digno del Callejón del Cuajo.

Caballo que alcanza es caballo que gana. Ese podría ser el papel de Ricardo Anaya Cortés, actual presidente del Partido Acción Nacional, un político que ha sido señalada como corrupto, desleal a sus propios mentores dentro del partido y cuya declaración patrimonial está llena de falsedades y de datos inequívocos.

Por su parte, el PRD también es un partido donde la caballada para la carrera presidencial se encuentra muy flaca. La lucha interna entre las diferentes corrientes, especialmente por Nueva Izquierda, conocida como Los Chuchos, encabezados por Jesús Ortega Martínez y Jesús Zambrano Grijalva son para muchos ex perredistas, perredistas y analistas políticos los artífices de que el Partido de la Revolución Democrática se convirtiera en un instituto político “satélite” del PRI y del propio gobierno federal, principalmente por la firma del Pacto por México a través del cual se realizaron las reformas estructurales del Partido Revolucionario Institucional. Ahora han entrado a una etapa de declive que pinta para debilitar por completo al partido del Sol Azteca.

El PRD gobierna cinco entidades (Ciudad de México, Morelos, Guerrero, Michoacán y Tabasco) y de allí es donde podría surgir el próximo candidato a la presidencia. La lucha, de existir, se podría dar entre Graco Luis Ramírez Garrido Abreu, actual gobernador de Morelos, y Silvano Aureoles Conejo, ejecuto estatal de Michoacán.

Ambos gobernadores tendrían que renunciar a sus puestos para competir por la candidatura presidencial por el PRD. Graco Ramírez es más fácil que lo haga pues comenzó a gobernar Morelos en 2012; por su parte, Silvano Aureoles, quien entró en funciones como ejecutivo estatal en octubre de 2015, tendría que romper su promesa de que él sí terminará su sexenio al frente del gobierno de Michoacán, después de un cuatrienio en donde hubo tres gobernadores.

México entra con el pie izquierdo a 2017. La crisis económica, propiciada por la reforma energética, tendrá que tener sus consecuencias en las elecciones del año entrante, máxime en función de quiénes sean los posibles candidatos, mismos que este año se irán destapando de a poco. Ante la mala caballada, las coaliciones se esperan como la salvación y la panacea política; sin embargo, demuestran la incapacidad de los partidos de sostenerse por sí solos.

Dos mil diez y siete, y espero equivocarme, será un año de muy mal fario para México.

Pero esto es tan solo mi opinión.

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