FUENTE: SDP Noticias FOTO: ACG

El alza a los precios de las gasolinas y el diésel, así como el incremento que se prevé en prácticamente todos los productos de la canasta básica y en el transporte público, han provocado brotes de irritación social en todo el país que, en caso de no ser atendidos, podrían significar para el gobierno de Enrique Peña Nieto el fin de su proyecto sexenal, sobre todo porque quiera o no quiera y digan lo que digan sus voceros, en los próximos meses estaremos en plena renegociación del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá y tendremos una moneda devaluada en niveles no vistos en la historia reciente del país.

Peña Nieto y quienes lo acompañan en el ejercicio de gobierno, incluyendo a los dirigentes de los partidos políticos que firmaron con el llamado Pacto por México que dio origen al paquete de “reformas estructurales”,  deben asumir que la mayoría de mexicanos está pagando un alto costo y que la situación, para millones de ciudadanos, ya no es un asunto de pérdida de calidad de vida, sino de sobrevivencia.

No es una exageración. El salario promedio que se paga en México (de 7 mil pesos mensuales, según el INEGI) hace imposible pensar que las familias puedan hacer frente a la escalada inflacionaria a la que ya entramos, en tanto que los productores agropecuarios y los pequeños y medianos comerciantes y empresarios se verán seriamente amenazados por el alza generalizada de los insumos.

¿Cuánto desempleo provocará esta situación? Es otro de los factores que habrá que considerarse para entender la magnitud de la crisis con la que nos amanecimos el primer día de este año y que ha provocado espontáneas manifestaciones de repudio en casi todo el país.

Y el caso es que el panorama amenaza con empeorar, una vez que Donald Trump asuma la Presidencia de Estados Unidos (el 20 de enero) y se entre al proceso de renegociación del TLC. Los impactos a la planta productiva nacional pueden ser brutales o como dijo el todavía gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, quedar atrapados en medio de un huracán que puede ser “devastador”.

No hay que olvidar que para entonces, o sea dentro de dos semanas, los pronósticos apuntan a que la paridad cambiaria podría ubicarse en 22 pesos por dólar, lo que significará otro duro golpe a la economía de las familias mexicanas, por el alza que se estima en casi todos los productos y servicios.

Con el reconocimiento de esa realidad es que el gobierno debe reaccionar y hacer caso a los brotes de irritación social que podrían extenderse, radicalizarse y, a final de cuentas, retrasar y -no hay que descartarlo- hasta frenar la implementación de la reforma energética, cuyos beneficios -de por sí nos han dicho sus impulsores y mas conspicuos defensores- se verán hasta el largo plazo.

No hay de otra para Enrique Peña Nieto. Su proyecto sexenal está en riesgo y podría fenecer de una mala manera.

Lo leyó usted en primeraplananoticias.

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