Partido Revolucionario Intergaláctico, porque el PRI parece vivir en otra galaxia.

Veamos.

Todos los analistas prevén una cascada de aumentos en los precios y tarifas y una cuesta de enero a su nivel más alto desde el año 2000. La Central Independiente de Obreros Agrícolas y Campesinos (CIOAC) anunció que a partir del próximo 6 de enero iniciará una serie de movilizaciones en todo el país para protestar contra el alza en el precio de las gasolinas y se reportan manifestaciones contra el alza en casi todos los estados. Los panistas, que en su momento aprobaron entusiastamente la Reforma Energética, ya anunciaron que solicitarán la comparecencia del Secretario de Hacienda y del director de Pemex para que expliquen qué pasó. Y en Michoacán Trabajadores del transporte público, organizaciones civiles y diferentes sectores de la sociedad anuncian una ronda de protestas contra del alza al precio de la gasolina.

Pero al mismo tiempo el presidente nacional del PRI, Enrique Ochoa Reza, asegura que es falso que su partido enfrente un escenario desfavorable en las elecciones en el Estado de México, Coahuila y Nayarit, como resultado del alza a las gasolinas. Según él, todas las encuestas arrojan que el PRI y sus partidos allegados encabezan las cifras de votación.

¿Es en serio?

El 20 de diciembre de 2013, el presidente Enrique Peña Nieto dijo que con la reforma México crecería más rápido, se generarían más empleos y podrían explotar los recursos energéticos sin que el país se endeude; anunció que se abarataría el costo de la energía eléctrica y de los combustibles para los mexicanos, y se ayudaría a la reactivación del campo con una mayor producción de fertilizantes por lo que el precio de los alimentos bajaría.

Y durante los meses siguientes, hasta hoy incluso, los funcionarios o miembros del gobierno han salido a justificar el alza. Afirman que se hizo inevitable reconocer el precio real de los combustibles en México y acabar con el subsidio anual de caso 200 mil millones de pesos para mantener ese precio artificial; que con la medida se ponen a salvo los programas de gobierno; que la competencia entre los sectores privado y público para extraer petróleo, refinarlo y convertirlo en gasolina, transportar y almacenar los combustibles es una buena noticia para México.

Todo eso se dijo. Y todo eso, palabras más o palabras menos, hasta ahora ha resultado ser falso, como lo advirtió el propio Silvano Aureoles cuando como diputado federal calificó a la Reforma Energética como una “atrocidad”. Previsiblemente, entrando en el 2017, se anuncia una escalada inflacionaria sin precedentes incluso en la agitada historia reciente de México, y numerosos grupos ciudadanos, hartos con toda razón, comienzan a mostrar una delicada tendencia a la desobediencia directa.

Y mientras tanto Ochoa Reza parece más preocupado de sus cuentas alegres en las próximas elecciones.

Que no se quejen después.

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