Juan Antonio Magallán
Morelia, Michoacá.-Cientos de turistas y morelianos deambulan en el primer cuadro de Morelia. Música, colores, compras y parejas de la mano matizan el Fin del 2016.

En las plazas principales se observan los conjuntos de música tradicional entonando sones de ‘La Danza de los Viejitos’; algunos curiosos se acercan, otros más sólo sonríen y siguen su paso, mientras los músicos buscan el peso para llevar algún sustento a casa o para prever recursos para ese anunciado aumento en el precio de los combustibles.

En las redes, un grupo de morelianos llama a llenar los tanques de automóviles para evitar el consumo de gasolina durante los primeros días del año, con la peregrina idea de que Petróleos Mexicanos (Pemex) bajará los precios con ello.
En las plazas de Morelia los infantes corren a la velocidad de los meses del 2016, cuyo andar fue abrupto.
Las miradas merodean anunciando la luz del Año Nuevo, en sus párpados cargan el peso de una anualidad más, las miradas más ‘vividas muestran adormecimiento y sopor, mientras las pupilas de los jóvenes aletean al ritmo del son.

Morelianos, turistas (extranjeros y nacionales) pasean sobre la majestuosidad de Morelia y sus mil 113 inmuebles considerados Patrimonio Cultural de la Humanidad.
El último día del año también es para los amorosos de Morelia que “/Tienen serpientes en lugar de brazos/ Las venas del cuello se les hinchan también como serpientes para asfixiarlos/ Los amorosos no pueden dormir/porque si se duermen se los comen los gusanos. / En la oscuridad abren los ojos/ y les cae en ellos el espanto. / Encuentran alacranes bajo la sábana y su cama flota como sobre un lago/”, tal como describiera el maestro Jaime Sabines.

En el primer cuadro, ‘los locos privilegiados’ según describiera André Bretón (en su Manifiesto Surrealista de 1924) hablan consigo y plantean arreglar el mundo desde sus juicios.
En las calles Zaragoza, Nigromante y Miguel Bernal Jiménez el tránsito vehicular está clausurado, fluye el paso peatonal, pero ¿qué pasará en enero?, cuando en las ‘horas pico’ el asfalto moreliano se reviente del andar de automotores.

El último día del año se tiñó con nubes, Tláloc se resistía a guardarse y poco después del mediodía dejó caer sus lágrimas en la ciudad de la cantera, purificando un poco la putrefacción del 2016.
Un año más se fue entre crisis y catarsis, llantos y consumo, sonrisas y muertes, ahora la dualidad del 2017 se hará presente.








