FOTO: Efe

Ríos de tinta se han escrito respecto del fenómeno mediático que implicó la fiesta de XV años de Rubí. Lo que partió como un viral netamente mexicano apareció de pronto en las portadas del mundo, muchos teóricos le dedicaron sus líneas y el público se volcó en masa a enterarse de los pormenores del evento, como demuestran los medidores de tráfico en la web.

Vale la pena utilizar más tinta para detenerse en un punto. Más que referirse a los pormenores de la chiva de 10 mil pesos que terminó con un muerto, más que la evidente incomodidad de la propia festejada, más que la posible incipiente carrera política del padre de la niña, es útil abordar la interacción de los medios de comunicación y el público en los tiempos de deconstrucción de los paradigmas que dominaron al mundo durante décadas.

Dos palabras son necesarias para comprender el fenómeno de Rubí. La primera es simple: Newsjacking, que se refiere a cuando una marca aprovecha un evento de actualidad para hacerse eco de él y lograr mayores referencias a la propia marca (la publicidad de cerveza Heineken el día que asumió el papa Francisco es un buen ejemplo: la marca de utilizó la frase “Habemus Heineken”). La segunda, posverdad, tiene alcances algo más complejas y se refiere a “la situación en que los hechos objetivos y el raciocinio tienen menos influencia en los consumidores que la apelación a las emociones y las creencias personales”. Dicho de otro modo: por muy absurdo que algo sea, si adhiere a mi propio punto de vista lo creeré y los medios se encargarán de hacerme saber que no estoy bien enfocado.

El concepto cobra especial relevancia cuando constatamos que “posverdad” fue la palabra mas importante del 2016, según el diccionario Oxford. Y sólo a través de la posverdad, dicen los especialistas de la comunicación, pueden entenderse fenómenos como el triunfo de Trump, el Brexit, el interés que despierta Kim Kardashian y, por supuesto, el caso de Rubí en México. ¿Qué significa esto? Que estamos en los tiempos de la posverdad, que para algunos intelectuales es sinónimo del absurdo.

Volvemos a la interrogante que cruza este análisis. ¿Cuál es el rol de la prensa en estos casos? ¿Cuál fue el rol que cumplió durante el fenómeno de Rubí? Más aún: ¿cuál es el comportamiento deseable que debiera tener la prensa? Ese es el problema: nadie sabe.

Sucede que en la actualidad, ya superado el tiempo de los periódicos impresos que por razones de espacio obligaban a filtrar cuidadosamente lo que se publicaba, los medios están entrampados en una vieja dicotomía hoy más dramática que nunca: calidad v/s sobrevivencia. La información soft, fácil y barata de conseguir, pero que no aporta mayormente al mundo –espectáculos, tendencias, virales– otorga el sustento económico. En cambio la información hard, la de verdadero interés, la que impacta directamente, muchas veces sin saberlo, en la vida de las comunidades, que requiere profesionales expertos y bien capacitados, que exige tiempos y recursos para investigar y otorga a un medio un perfil “serio”, es desdeñada sistemáticamente por los lectores. En los tiempos de la cultura visual casi nadie está dispuesto a leer más allá de tres o cuatro párrafos, y muchas veces esos buenos reportajes para los cuales se invirtió tiempo, talento y dinero terminan olvidados en algún rincón de la web.

¿Cómo pueden enfrentar eso las empresas? No es simple. Hoy casi todos los medios de comunicación apuestan por un esquema mixto, y los que se dedican mayormente a la nota soft generan gran cantidad de visitas –dicho de otra manera, de dinero– pero tienen poca credibilidad; por el contrario, los que privilegian el conocimiento, el análisis político o el interés social, muchas veces pasan penurias, se resignan a cambiar de giro o lisa y llanamente desaparecen.

Ese es el dilema en el cual está envuelto hoy el periodismo, y hasta el momento sólo hay visiones parciales, diagnósticos específicos o criticas respecto de la labor de los medios, pero no una teoría que aglutine todas estas ideas sueltas, otorgue un diagnóstico general certero ni, mucho menos, permita pronosticar cuáles serán las nuevas tendencias comunicativas o simplemente en que terminará todo eso. Teóricos como Pierre Bourdieu y otros lingüistas no llegaron a vivir el tiempo de las redes sociales; Umberto Eco, quien sí deslizó una visión personal, murió sin haber desarrollado ampliamente el tema. Hoy los especialistas de la comunicación parecen estar de acuerdo: quien logre realizar ese ejercicio con relativo éxito será, sin dura, el próximo gran teórico de la comunicación actual.

Así se explica en parte el fenómeno de Rubí. Ni los sitios de noticias ni los lectores saben muy bien qué hacer con el tema. La confusión es tal que muchos medios anunciaron frontalmente su rechazo a enviar reporteros al evento, pero a la hora se colgaron de las noticias de otros para obtener más visitas. Los lectores también aportaron al desconcierto: mientras criticaban abiertamente la vacuidad de los medios, se volcaron en masa a ver qué ocurría en la comunidad de La Joya.

Así están las cosas: hoy una adolescente mexicana que celebró algo tan cotidiano como sus 15 años se convierte en una de las noticias más comentadas del mundo y en un símbolo perfecto de la crisis de los medios y de un país completo. En México ya superamos el tiempo del surrealismo: ahora es el tiempo de la posverdad.

 


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