La tragedia del mercado de juegos pirotécnicos San Pablito en Tultepec, misma que lleva 32 muertos confirmados, es parecida a la tragedia mexicana que se colapsa a pasos vertiginosos.

¿Por qué? Porque a pesar de tener permisos y estar todo en regla, hubo una explosión monumental dejando a miles de personas sin trabajo, heridos, muertos o por lo menos en la incertidumbre y, ahora que inician las investigaciones para deslindar responsabilidades, todos se pasan la bolita, alegando que fueron tiros o troyanos quienes fallaron o fueron laxos en la certificación de seguridad para la venta de cohetes al público.

México, tristemente no es sorpresa para nadie, es un país donde históricamente, las leyes son letra muerta y se las pasan por el arco del triunfo para darle la vuelta. Siempre encontrar el resquicio legal es fundamental para evadirla o evitarla. Corrupción hormiga que lacera el aparato legal que nos debería sustentar.

Lo mismo en Tultitlán que en los municipios que en la presidencia de la República; lo mismo en la mordida al policía ante la infracción de tránsito que en la oficina burocrática para acelerar el trámite; lo mismo en el copypaste escolar que en la especulación con productos de primera necesidad y sus precios.

Y ante todo, nuestro colectivo sentimiento de Fuenteovejuna: como todos somos responsables, nadie es culpable.

Es terrible lo que ocurrió en Tultitlán pero no entendemos: en lo que va del siglo han ocurrido en el país 30 accidentes por explosiones de mercado, bodegas, tiendas, legales o no, donde se almacenaba pólvora y pirotecnia. Los estados involucrados son el Estado de México, Hidalgo, Jalisco, Michoacán, la ciudad de México, Puebla, Querétaro, Tlaxcala, Oaxaca, Veracruz, Durango y Guerrero.

Más allá de la corrupción, estos tienen un tinte de accidente por mal manejo o peor almacenaje. Pero también están las tragedias como las de la guardería ABC, en Sonora, el 5 de junio de 2009, en donde la primera dama del momento, Margarita Zavala de Calderón, hizo todo lo necesario para que los principales accionistas de la guardería, Gildardo Urquídez y Matilde Gómez del Campo, su prima hermana, fueran exonerados.

O la tragedia de los bombazos en Morelia, en plena celebración del Grito de Independencia, ocurrido la noche del 15 de septiembre de 2008, en donde hasta la fecha los heridos y los deudos de los muertos solo se convierten en bandera pública cada año para exigir justicia contra quienes fueran los culpables. Las autoridades siempre mencionaron al crimen organizado y los diferentes carteles como los culpables, en virtud de la guerra que la federación declaró en su contra pero sigue sin haber culpables.

O las tragedias como las de Ayotzinapa, Apatzingán, Tahuato, Nochixtlán, Tlatlaya…, y miles más a lo largo de la geografía nacional y de nuestra propia historia, misma que el sistema hace un esfuerzo terrible por hacernos olvidar.

Tultitlán es la punta de lanza de este 2016. Es el aquí y es el ahora. Es la corrupción, la negligencia y la incapacidad de hacer aplicar las leyes. La historia de nuestra sufrida patria es exactamente igual: corrupta, negligente e incapaz de hacer valer una legislación.

Mientras no tengamos conciencia, cada desgracia que nos hiere y nos desangra, será un clamor a los cuatro vientos exigiendo justicia, pero esta jamás va a llegar si no tenemos la acción de también exigirla sin necesidad de un algo que nos lacere como sociedad.

Pero esto es tan solo mi opinión.

Felices días para todos. Celebren como celebren y crean en lo que crean, que estos días sean de iluminación, de buenas vibras y limpieza del karma para cada uno de nosotros.

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