Redacción

Tultepec, Edomex.- De miedo. Mujeres con bebés en brazos caminando entre miles de artefactos explosivos; niños que se acercan, manosean y manipulan los monigotes de cartón repletos de pólvora, como si fueran golosinas, y los vendedores ofreciendo a granel, a adultos y menores, los mejores precios de ese material transformado en las más temerarias figuras, como las bazookas.

Es el mercado de San Pablito, el mercado de la muerte, un mes antes de la explosión de este martes, que ya acumula 29 muertos. Es una central de abasto de pólvora para todo el país, representada en las más agrestes figuras para reventar en esta época.

Abundan los artefactos conocidos como “cara de diablo”, “crisantemos”, “cloratos”, “cohetones”; los monigotes del tamaño de un humano rellenos de pólvora y la temible “bazooka” que pesa varios kilos; su precio rebajado aquí es de 230 pesos, pero el comprador puede revenderla hasta en mil pesos en su estado de origen.

El estacionamiento acoge varios cientos de vehículos de todas las procedencias geográficas del país. Todo es trajín. Los compradores sacan de locales cajas repletas con los artefactos explosivos, los avientan a sus vehículos sin titubeos. Ningún policía a la vista, tampoco elementos de Protección Civil o del cuerpo de Bomberos.

San Pablito parece estar de fiesta porque ya vienen los festejos decembrinos y con ello el incremento en las ventas de cientos de locatarios.

Las familias, esposos e hijos se desplazan de un lado a otro en medio de toneladas de pólvora que se vende en los puestos de madera y de concreto. La vendimia de fritangas también está en su mejor momento. Es San Pablito una especie de la “ciudad de la pólvora”.

Aquí, en este centro de comercialización de artefactos explosivos, donde se venden afuera de los locales centenares de cohetones gigantes con agarraderas de palo para impulsarlos a las alturas, mini castillos “de juguete” de a 2 mil pesos, y miles de figuras en miniatura para detonar, se volvió costumbre la convivencia humana con el peligro mortal. Así era San Pablito, una bomba de tiempo antes de su explosión.

Hoy son solo escombros, lugar de tragedia y corrupción.


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