Las fiestas decembrinas nos producen, entre otras muchas cosas, que perdamos la perspectiva de lo que va a ocurrir en los meses siguientes. Nos concentramos tanto en las festividades, cenas, regalos, intercambios y brindis que ansiamos el año nuevo por la celebración, sin contemplar las consecuencias. 2017 será un año especialmente difícil en lo que respecta a las consecuencias de la Reforma Energética para el bolsillo del mexicano medio.

Los precios tanto del gas como de la gasolina como de la energía eléctrica dejarán de estar regulados por el Estado para entrar a una nueva faceta que es la del libre mercado. Esto quiere decir que sus costos pueden oscilar dependiendo la oferta y la demanda, tanto nacional como internacional.

Ya no tendremos la seguridad de cuánto se nos van a cobrar por estos servicios. Su comportamiento dependerá de los mercados, como cualquier producto comercial. El libre mercado ha invadido la economía nacional en un área que, hasta hace poco, era estratégica para el país, además de un orgullo nacional.

La nacionalidad de la minería, del petróleo, de la energía eléctrica era un rasgo de identidad del mexicano. Sabíamos lo que teníamos y lo sabíamos nuestro, solo nuestro. Sabíamos que la tierra, el mar, el aire, los yacimientos que se encontraran en estos y los beneficios explotados que de ellos emanaran eran de todos y de cada uno de los mexicanos. Eso nos enseñaron que decía el artículo 27 de la Constitución. La tierra es de quien la trabaja y los trabajadores y obreros nacionales se han roto el lomo durante décadas y décadas para extraer de las entrañas de la tierra un producto que nos pertenece a todos por ser de la Nación.

Pero ahora, con la Reforma Energética y sus consecuencias, esto ha cambiado radicalmente. Es cierto que PEMEX y la Comisión Federal de Electricidad necesitaban una reestructuración, una limpieza de fondo para modernizarlas y que dejaran de ser coto de corruptelas y caja chica del gobierno. Pero una cosa es arreglarlas, democratizarlas y transparentar el manejo de sus recursos, y otra, muy diferente, es que se privaticen y que otros, ajenos al país, las dirijan, las conduzcan, obtengan beneficios de nuestra tierra y que a nosotros, los mexicanos, se nos cargue más la mano en los costos, olvidando quienes deberían ser los verdaderamente beneficiados por el usufructo de las entrañas de nuestra patria.

Cuando se nos ofreció que la gasolina, el gas y la energía eléctrica iban a bajar de costo, como consecuencia de la Reforma, se nos mintió. Atole con el dedo para todos. Triquiñuelas de políticos sin escrúpulos quienes entregaron la riqueza nacional a manos de corporativos carroñeros.

Darán trabajo a nacionales, es posible; que modernizarán las tecnologías, es cierto pero con un alto impacto ecológico: Allí está el fracking con la explotación del gas natural. Pero el verdadero problema es que la comercialización de los productos será en detrimento de los nacionales. Una vez más, los políticos que nos gobiernan, de todos los partidos, traidores de la patria, han saqueado al país.

¿Hasta dónde es necesario aguantar? Es momento en que la desobediencia civil y civilizada debería ser considerada una estrategia. Ya en 1960, cuando el presidente Adolfo López Mateos nacionalizó la industria eléctrica, que hoy, junto con la petrolera y la minera, nos han quitado, hizo un exhorto punitivo:

“Pueblo de México, los dispenso de toda obediencia a sus futuros gobernantes que pretendan entregar nuestros recursos energéticos a intereses ajenos a la Nación que conformamos”.

Es hora de que los mexicanos tomemos las bridas de nuestra vida y de nuestro país. Los burócratas y políticos que nos gobiernan son funcionarios públicos y del pueblo es de donde emana el poder. Nosotros tenemos la última palabra. ¿Cuántas más vejaciones, humillaciones y traiciones históricas y a nuestra economía vamos a resistir? Mientras sigamos agachando la cabeza y votando por los mismos a cambio de promesas, tortas y refrescos, México seguirá siendo un país cuyas riquezas sean explotadas por otros y nosotros no veamos ni un quinto de nuestro patrimonio.

Por México, tenemos el derecho a obedecer o desobedecer. Usted lo asume.

Pero esto es tan solo mi opinión.

Texto completo de Adolfo López Mateos, del 27 de septiembre de 1960 con la nacionalización de la industria eléctrica

Pueblo de México: Les devuelvo la energía eléctrica, que es de la exclusiva propiedad de la Nación, pero no se confíen porque en años futuros algunos malos mexicanos identificados con las peores causas del país intentarán por medios sutiles entregar de nuevo el petróleo y nuestros recursos a los inversionistas extranjeros. Ni un paso atrás, fue la consigna de Don Lázaro Cárdenas del Río, al nacionalizar nuestro petróleo.

“Hoy le tocó por fortuna a la energía eléctrica”. Pueblo de México, los dispenso de toda obediencia a sus futuros gobernantes que pretendan entregar nuestros recursos energéticos a intereses ajenos a la Nación que conformamos. Una cosa obvia es que México requiere de varios años de evolución tecnológica y una eficiencia administrativa para lograr nuestra independencia energética; sería necio afirmar que México no requiere de la capacitación tecnológica en materia eléctrica y petrolera. Pero para ello ningún extranjero necesita convertirse en accionista de las empresas públicas para apoyarnos”.

“Solo un traidor entrega su país a los extranjeros; los mexicanos podemos hacer todo mejor que cualquier otro país. Cuando un gobernante extranjero me pregunta si hay posibilidad de entrar al negocio de los energéticos o a la electricidad, le respondo que apenas estamos independizándonos de las invasiones extrajeras que nos vaciaron el país. Pero que en tanto los mexicanos sí queremos invertir en el petróleo americano o en su producción de energía eléctrica, por si quieren un socio extranjero. En México la Constitución es muy clara: los recursos energéticos y los yacimientos petroleros son a perpetuidad propiedad única y exclusiva del pueblo mexicano.

Les dejo la misión de no permitir que vuelva a caer en manos de extranjeros.

El resto de las especulaciones al respecto son traición a la patria. Industrializar el país no implica una subasta pública de nuestros recursos naturales, ni la entrega indiscriminada del patrimonio de la patria”.

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