El próximo sábado 24 de diciembre vence la fecha establecida por el órgano electoral del Estado de México para que los partidos interesados presenten su solicitud de registro de candidatura común para los comicios locales que se celebrarán el 4 de junio de 2017 para  elegir gobernador.

Si bien en tanto se cumple el plazo no está cerrada la posibilidad de que los partidos opositores al PRI -concretamente PAN y PRD- lleguen a un acuerdo para ir juntos en el proceso mexiquense, lo cierto es que la información disponible apunta a que naufragaron los intentos.

No sólo es porque en el PRD las corrientes por enésima vez estén confrontadas  o que en el PAN se hayan quedado sin la candidata que su dirigencia nacional quería imponer, como era el caso de Josefina Vazquez Mota. En el fondo, lo que terminó por entrampar las negociaciones, es el rumbo que panistas y perredistas habrán de tomar para los comicios presidenciales de 2018 y que, sobre todo en el sol azteca, luce más que incierto, indefinido.

Se cumpla o no el vaticinio, los pecados de PAN y de PRD están a la vista: la avaricia y la soberbia. Porque no están pensando en el Estado de México, sino en ganar la presidencia de la República en el 18; porque no les interesan las necesidades y la solución de los problemas de los mexiquenses, sino los amarres cupulares; porque cantan anticipadamente la derrota del PRI, sin mirarse en el espejo; porque en el triunfo, a los actuales dueños de la dirigencia blanquiazul, les faltó humildad y les sobró mezquindad hasta con los suyos; porque los perredistas se niegan a reconocer que sus indecisiones y pleitos internos los achican.

Ese es el problema: los negociadores quieren cruzar el río del 17 sin asumir que no tienen los barcos seguros; que la tripulación está dividida, y lo más grave, que carecen de capitanes confiables que den seguridad. Su única ambición es la presidencial del 18, y eso los ciega: quieren conquistar la tierra prometida, sin brújula en sus manos.

El panista Ricardo Anaya, dirigente nacional, enloqueció luego de los buenos resultados que tuvieron en los comicios estatales de hace seis meses, cuando el blanquiazul ganó siete gubernaturas, cuatro de ellas en alianza con el PRD. Creyó haber descubierto el hilo negro y ser dueño de los tiempos de su partido.

Locuaz, grabó cientos de spots y se fue a la televisión para presentarse como el “gran líder” de la hazaña: todos sabemos en que terminó la euforia. Los panistas del Edomex aplacaron a su joven e impetuoso dirigente nacional, quien para colmo perdió su carta puesta en Vazquez Mota; sus apariciones en la televisión provocaron una revuelta interna, y las filtraciones periodísticas sobre sus ingresos y el millonario gasto que hace para mantener a su familia viviendo en Atlanta, Georgia, hacen ver que Anaya termina el 2016 más bien curándose de las heridas.

Por lo que hace a los perredistas, simplemente la pregunta los delata: ¿cómo quieren llegar al 18? Ese es el verdadero dilema de las tribus en el sol azteca. Porque el 17, hoy por hoy, lo tienen perdido, salvo que fueran con el PAN y a lo mejor ni así… Pero, ¿y si fueran con el PAN en el Edomex, como les afectará para el 18?

Lo dicho: soberbia y avaricia, los pecados.

Mientras, los priistas se sientan en las piernas de Papá Noel. Y su cartita a los Reyes Magos va sin correcciones…

Lo leyó usted en primeraplananoticias.mx

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