No hay dulces ni frutas en las piñatas del gobierno federal; si cartas con malas noticias: el salario de los mexicanos se verá aún más contraído, las oportunidades de empleo reducidas y la antes citada como cuesta de enero amenaza con convertirse en un despeñadero.
Terrible cierre de año 2016.
Desalentador panorama el que se nos pinta para el que viene. En lo económico, ni siquiera en el gobierno hay señales de optimismo y los analistas financieros del sector privado y bancario coinciden: si este año fue duro, el siguiente será peor.
Veamos: hoy el Banco de México anunciará el quinto incremento del año a las tasas de interés y se espera otro más apenas inicie 2017, por el impacto que tendrá el incremento en las tasas que determine el Tesoro estadounidense; la moneda nacional sigue a la deriva, y los cálculos es que en enero la paridad puede superar los 22 pesos por dólar: la desestabilización puede ser brutal con los primeros anuncios que en materia de intercambio comercial haga el ya muy próximo jefe de la Casa Blanca, Donald Trump, y para completar el cuadro, apenas se cuente el primer día del próximo enero, habrá que soportar otro aumento a los precios de las gasolinas.
Fuera los tecnicismos financieros -esos los abordaremos el día de mañana, una vez que el Banco de México haga el anuncio oficial- al buen entendedor, pocas palabras: ¡que nadie se mueva! El que tenga empleo que se aferre a él; el que tenga deudas y las pueda pagar, que lo haga ya y no espere más; el que esté buscando un crédito, que lo piense dos y hasta veinte veces antes de contratar, y el que tenga un ahorro, que lo cuide antes de malgastar.
El puente Guadalupe-Reyes es ya una reliquia de nuestra cultura popular. El bolsillo y el empleo es lo que hay que cuidar. Ni hablar.
La señales, todas, apuntan a una economía en punto de recesión. ¿Y que significa esto? En términos llanos, la caída de la producción y de las actividades comerciales e industriales del país. ¿Ya estamos? Los técnicos dicen que no, porque el Producto Interno Bruto (PIB) nacional, aunque poco, registra un crecimiento.
Eso, lacónicamente, dirían los tecnicismos financieros. La realidad para los trabajadores, micro, pequeños y hasta medianos empresarios e inversionistas es otra: el mercado interno se halla casi en la parálisis, a riesgo de empeorar con el encarecimiento del crédito y el alza en los precios de los combustibles.
En fin. Al buen entendedor, pocas palabras. Hoy no se oyen los villancicos… Los anuncios dicen que no hay posada.
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