Ayer, desde Michoacán, se pudo interpretar un mensaje clarísimo, sin exagerar, para todo el país: no nos hagamos bolas, hoy por hoy, la participación de las fuerzas armadas en las tareas de seguridad resultan nada menos que indispensable. Con esa aceptación y en coordinación, se puede trabajar en confianza y en el cumplimiento de las obligaciones.
Así lo quisieron hacer ver este martes tanto la autoridad civil como el mando militar de Michoacán. Lo lograron.
Que no es el ideal de nación al que aspiramos, en eso todos coincidimos; que el modelo es perfectible, sin duda. Pero de que esa es la realidad a la que hemos llegado, eso no está a discusión: ni el gobierno federal ni los estados y mucho menos los municipios tienen las corporaciones policiacas suficientes -ni en número, ni en en capacitación ni en equipamiento- para hacer frente al flagelo de la delincuencia organizada.
¿Triste realidad? Sin calificativos, es simplemente la realidad. ¡Ah! Que tenemos que enderezar el camino para, en lugar de hablar de ‘guerra’, señalar hacia la ruta de la paz y la tranquilidad social, debe ser el objetivo de todos. Y en tanto damos ese paso, lo más sensato es no hacernos bolas, ni confundir ni engañarnos con propuestas y escenarios inviables y ajenos a las instituciones que hoy todavía funcionan, entre ellas nuestras fuerzas armadas.
En medio del debate nacional por la próxima presentación y aprobación de la iniciativa para la nueva Ley de Seguridad Interior, luego de las fuertes críticas que el secretario de la Defensa Nacional, General Salvador Cienfuegos, hizo al titular de Gobernación y al poder Legislativo por su desesperante apatía para reglamentar la función de soldados y marinos en el combate a la delincuencia, ese es el otro mensaje que hay que leer: la institución militar y su respeto al orden constitucional sigue inalterable.
Tras las críticas, severas críticas del general Cienfuegos suena paradójico, pero así es: toca a la autoridad civil y al poder Legislativo hacer su tarea: si la presencia del Ejército y la Marina es indispensable -y en estos momentos irrenunciable- en funciones de seguridad, pues entonces hay que establecer las normas y las reglas para un mejor entendimiento, eficiente coordinación y aceptación de obligaciones entre todos.
Por todo lo anterior, la relevancia del mensaje de ayer desde Michoacán. Los símbolos y la historia, la de hoy y la del pasado reciente también cuentan:
Enfatizó el gobernador Silvano Aureoles: las fuerzas armadas nos ayudan a recuperar la paz, “y esta fórmula coordinada entre elementos del Ejército y de la Policía Michoacán nos ha dado excelentes resultados”.
Frente a los soldados destacamentados en la 43 Zona Militar, con sede en Apatzingán, sin matices en su discurso, el gobernador despejó dudas sobre lo que se necesita hoy: “gracias por el esfuerzo que realizan todos los días (…) Esta estrategia de trabajo entre las corporaciones de seguridad y de procuración de justicia federal, estatal y municipal nos permite hacer frente a la inseguridad y la violencia, ya que se ha comprobado que de esa manera se obtienen mejores resultados”.
Asintieron a su lado los generales Miguel Ángel Patiño Canchola, comandante de la 12 Región Militar, e Isaac Muñoz Navarro, jefe de la 43 Zona Militar de Apatzingán. Dijo el segundo: “sabemos donde estamos y hay el compromiso con más autoridades estatales y municipales para seguir adelante. Estamos conscientes del comportamiento de los índices delictivos y estamos abocados a darles solución entre todos”.
Si, fue en Apatzingán. Fue en Michoacán. Y el mensaje fue clarísimo: no nos hagamos bolas.
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