A muchos nos parecía que se trataba de una mera estrategia de campaña: “no”, decíamos, “no es real que el candidato Donald Trump sea tan misógino, tan racista, tan ignorante. Se trata –decíamos– de tácticas orquestadas, no del todo elegantes pero sí muy efectivas para lograr su objetivo de alcanzar la presidencia. Una vez en el cargo –dijimos– estará obligado a moderarse porque ser presidente es distinto a ser candidato”. Su primer discurso tras el triunfo, conciliador, parecía darnos la razón.

Parece que nos equivocamos por completo.

Dos hechos recientes permiten adelantar cómo se vendrá el casi con seguridad errático gobierno de Donald Trump: la irreflexiva conversación con la presidenta de Taiwán y las reiteradas amenazas a las empresas estadounidenses que abandonen su territorio nacional.

Sobre el primero, que trataremos hoy, hay que contextualizar brevemente para entender de qué se trata.

Desde 1949 existen dos chinas: la República de China asentada en la isla de Taiwán; y la República Popular de China, asentada en el continente asiático, la que más conocemos, con la que se firman nuestros negocios y en cuya capital, Beijing, se realizaron hace ocho años los juegos olímpicos. Sucedió que ese año, 1949, los comunistas liderados por Mao Zedong se hicieron el poder en China continental, tras lo cual los líderes del antiguo régimen, encabezados por Chiang Kai Shek, se instalaron en la isla de Taiwán.

Durante años, hasta la década de los 70, Taiwán fue el representante “legítimo” de los chinos para la ONU y el mundo occidental, hasta que Richard Nixon aceptó desplazar a Taiwán e iniciar relaciones con la China comunista para contrarrestar la influencia de la entonces poderosa Unión Soviética.

De ahí en más, con la excepción de 22 estados (ninguno entre la elite de los más industrializados), todos los países reconocen a la china comunista como representante legítima de los intereses de los chinos, y para evitar problemas con el gigante asiático cortaron relaciones con Taiwán.

Eso, hasta que Trump revolvió otra vez el naipe y habló la semana pasada con la lideresa de Taiwán.

La China comunista, el gigante asiático, el próximo imperio del mundo, el país que en el corto plazo sobrepasará a Estados Unidos como mayor potencia mundial, ya reclamó. “La llamada no ha hecho más que exponer su inexperiencia (de Trump) y la de su equipo de transición en la gestión de asuntos exteriores”, afirmó hace pocas horas el diario oficialista China Daily. Previsiblemente, Trump no se quedó atrás: “¿Nos preguntó China si estaba bien devaluar su moneda, aplicar tasas excesivas a productos de EU, construir un gran complejo militar en medio del mar del Sur de China? Creo que no”, publicó en su cuenta de Twitter.

Las acciones del presidente electo de Estados Unidos pudieran parecer legítimas, dado que es su derecho aliarse o mostrar simpatías con quien quiera y enrostrar los errores a sus rivales políticos. Sin embargo, cualquier analista serio entiende que el entramado diplomático del mundo funciona bajo ciertos parámetros que, de no respetarse, generan problemas. Desde ese punto de vista se entiende que más que franqueza, Trump demostró torpeza y que su enérgica diatriba en realidad se parece más a una bravata adolescente.

Se trata, en síntesis, de un desliz diplomático de proporciones.

La diplomacia, decía Kofi Annan –un diplomático de fuste– es la primera línea de defensa entre países para resolver sus diferencias. Pero Trump partió mal. El entrante presidente demuestra, antes de empezar, sus graves limitaciones, si escaso bagaje cultural, su poca formación historiográfica y su nula capacidad de entendimiento de la política internacional. Si ese será el tono de su gobierno, con seguridad habrá nuevos conflictos y nuevos e inciertos esquemas de colaboración e influencia política en el mundo, generados de manera fortuita y más por su incompetencia que por una verdadera intencionalidad.

Y en el medio, México.

Hoy, como nunca, nos aplica el apócrifo dicho: tan lejos de Dios, tan cerca de los Estados Unidos (de Trump).

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí