Ciudad de México.- Hace 15 años que el exbeatle George Harrison partió de este mundo, debido a complicaciones por cáncer de pulmón.

Se dice que fue miembro de más bajo perfil del famoso cuarteto de Liverpool, sin embargo, contaba con el cariño y el respeto de toda la comunidad artística y de los amantes de la música de todo el mundo.

A pesar de haber forjado gran parte de su carrera eclipsado por el genio compositivo de la dupla conformada por John Lennon y Paul McCartney, Harrison logró dejar su huella en la historia de Los Beatles a partir de su calidad como guitarrista, con un notable y personal manejo del slide, y su escaso pero vital aporte al repertorio del grupo, con clásicos como “Something”, “Here comes de the sun”, “Taxman” y “While my guitar gently weeps”, entre otros.

Harrison también encontró su lugar dentro del cuarteto a través de la inclusión de elementos de la cultura hindú, por la cual se interesó de manera casi obsesiva a partir de 1965, en un antecedente de lo que años más tarde se englobaría dentro del género “música del mundo”.

La simpatía que la figura de Harrison logró despertar también residía en su particular sentido del humor basado en una alta cuota de ironía; y en la autocrítica expresada desde los primeros tiempos a la histeria y todo el sistema comercial montado alrededor de Los Beatles.

Desde pequeño, se caracterizó por su capacidad de observación silenciosa y su tenacidad, dos elementos que lo acompañaron y caracterizaron a lo largo de su vida. Precisamente, aunque no contaba con una capacidad natural para tocar la guitarra, fueron las largas horas de práctica intentando copiar los sonidos de su admirado Carl Perkins, que lo dejaban con los dedos literalmente sangrando, los que le permitieron acercarse al mundo que tanto admiraba.

Luego de la disolución de los Beatles, George Harrison, siguió publicando una serie de discos con algunos éxitos, y fiel a su noción de priorizar el arte sobre el negocio, creo una productora cinematográfica con el único fin de ofrecerle a los Monty Phyton un soporte para crear películas.

Parte del cariño que despertó Harrison entre el público se debió a su sentido del humor, basado en la ironía y la autocrítica. Esto se mantuvo hasta sus últimos días.

En 2001, los médicos le diagnosticaron un recrudecimiento de su enfermedad, que había avanzado hacia otros órganos de su cuerpo, por lo que eligió mudarse a una residencia propiedad de McCartney en Los Ángeles, en busca de mayor intimidad.

Con información de MVS


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