Con un déficit que ronda los mil millones de pesos anuales, la Universidad Michoacana de San Nicolas de Hidalgo (UMSNH) es, en términos de operación financiera, una institución en ruta de la inviabilidad, y de no corregir el rumbo, en el mediano plazo se verá obligada a cancelar sus diversos programas y proyectos de investigación, actualización docente e intercambios académicos; imposible será, además, pensar en el crecimiento de la matrícula y ni qué decir de inversión en infraestructura.
Cumplir con sus compromisos salariales y los estipulados en su régimen de jubilaciones y pensiones se convertirá, en tanto, en una pesada carga que obligará, a la larga, a una cirugía mayor en la institución. De ese tamaño es la enfermedad en la Nicolaita, que si no se atiende en lo inmediato, cuando se decidan a intervenir, podría ser de vida o muerte. Y no es exageración.
El diagnóstico, lastimosamente no es nuevo. Desde hace años, por lo menos desde la rectoría de Silvia Figueroa Zamudio (2007-2011), se viene advirtiendo de la situación. Nadie, sin embargo, ha hecho nada. Por el contrario, se ha optado por medidas y acciones más tendientes a esconder los problemas que a resolverlos; más con la idea de mantener una estabilidad ficticia, que a dar los primeros pasos para el saneamiento de la institución, y más proclives a la complicidad con los sindicatos que a la atención de las necesidades académicas y de crecimiento.
Ya no hay tiempo, sin embargo. El destino alcanzó a la UMSNH y hoy la realidad obliga al planteamiento que todos han querido evadir: urge la reingeniería financiera y la adecuación en su operación, a fin de rescatar y reimpulsar su papel como la principal casa de estudios de la entidad.
Y no es sólo tarea de la comunidad universitaria; para estos fines se demanda el compromiso del Gobierno del Estado, del Congreso local y de la sociedad en general, toda vez que hablar del futuro de la universidad significa -ni más ni menos- plantearnos el futuro social y económico del estado.
No es momento ya para seguir inventando, ocultando la realidad o recurriendo a paliativos que sólo agravan más la situación.
El juicio de la historia para los protagonistas y responsables tanto del desorden como de quienes hoy tienen a la mano la decisión de ponerle un hasta aquí a la crisis, podría ser inclemente.
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