Entretenido y gozoso sí es, pero la verdad resulta ocioso el pretendido debate que se traen algunos de la comentocracia, circulo verde o club de opinadores con sueldo -como se les quiera llamar- por las supuestas coincidencias, semejanzas y paralelismos entre el presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump, y el virtual candidato presidencial de Morena, Andrés Manuel Lopez Obrador.

El supuesto debate empezó desde antes del triunfo del pelirrojo y xenófobo empresario. Los más atravesados anti Peje en el país, sin ningún asidero más que su elucubración, se desataron: escribían y hablaban ante cámaras y micrófonos de las “similitudes” Trump-AMLO. Su mas grande prueba, cuando el candidato republicano amagó en el tercer y último debate con Clinton con no reconocer los resultados.

Sus razones, las expuso: había un complot en su contra, en el que participaban los medios de información estadunidenses.

La pléyade del círculo rojo nacional tuvo parque: AMLO y Trump eran lo mismo. Y como en sus “análisis” jamás abrieron la puerta a la posibilidad de que triunfara el empresario republicano, no faltaron quienes escribieron artículos y columnas periodísticas completas para compartir sus sesudas conclusiones: si Trump gana, decían, ganara AMLO en el 18; si en cambio gana la señora Clinton, había que dar como segura ganadora a la panista Margarita Zavala. ¡Pacatelas! Así se les gastan los generadores de opinión -así se autonombran- en el país.

Del lado de la iglesia pejista, por su parte, no faltaron los feligreses que brincaron, faltaba más: ya se prepara el nuevo fraude, el nuevo complot contra Lopez Obrador, afirmaban antes del 8 de noviembre. Un día después, por supuesto, ya estaban vociferando: la gran perdedora junto con Hillary Clinton, de este lado, es Margarita Zavala.

¡Qué pobreza en el debate! ¡Cuánta miseria en tanta tinta! Mendacidad, estulticia y provocación invadieron las cámaras de televisión y congestionaron los decibeles en la radio. ¡Ni que decir de lo que ocurre en las redes sociales! Ahí las cosas se ponen peor.

Siguen enardecidos. Ya no saben ni que decir, ni cómo salir de sus enredos.

¡Que cosas! Y no, ni AMLO ni Margarita Zavala. Y ya que les gusta comparar: ¿qué no están viendo? ¿Qué no entienden… que no entienden?

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