Dalia Villegas Moreno
Morelia, Michoacán.- Originario de Guanajuato, pero “más michoacano que Las Tarascas”, según expresa, desde hace 50 años don Panchito se gana la vida como afilador de navajas y cuchillos, oficio que aprendió y heredó de su padre, quien le enseñó el arte del esmeril, como le llama al caballete que sostiene cuatro piedras de afilar, y que ha estado en su familia desde hace 78 años.
Coqueto, risueño y sorprendentemente lúcido, enterado de la situación política del estado y los protagonistas de la misma, y con enojo ante la corrupción que atiza la crisis de desempleo y de precariedad económica de la mayor parte de la población, don Panchito, de 65 años de edad, ya con problemas en el oído, se asume un ciudadano informado y crítico.
Y aunque con dificultad lee, asegura que sin problema encara cualquier intento de abuso en su contra. “Seguido me andan correteando los del ayuntamiento, pero conozco mis derechos, mi derecho es trabajar”, sentencia con el ceño fruncido; no obstante, compromete que “ahora pronto” irá a llevar las fotos y hacer el pago que le pidieron a fin de que lo dejen trabajar.
Orgulloso de la actividad que realiza, don Panchito recorre diferentes colonias y calles de Morelia con su esmeril, que al aguzarse al filo de las navajas activa en cada pedaleo la singular estridencia acompañada de chispas luminosas productos de la fricción del metal con la piedra, sonido que, según cuenta don Panchito, ha llegado a ser incluido en discografía de creadores de música electrónica.







