Sí, maldita sea. Porque a todos los problemas que tenemos en México y en el mundo, de contracción económica (aún no le quieren llamar recesión los economistas), de pobreza y pérdida de empleos en todo el orbe, de inseguridad, de amenazas de guerras regionales, de confrontación racial y religiosa, ahora tenemos que la máxima potencia económica y militar será gobernada por un empresario xenófobo, racista, aislacionista, fascista y que, lo ha dicho una y otra vez, apuesta por la opción rupturista, si no es que bélica, para la solución de los conflictos a escala internacional.
Anoche se leyó en Twitter: “¡al diablo con todo esto!”. Y predominaron en las redes sociales en México y en varias partes del mundo las palabras “miedo”, “terror”, “fanatismo”, “intolerancia”, “racismo” y sí, también “guerra”.
Ese es el estado de ánimo, que se notó sin remedio en los periodistas y analistas que dieron seguimiento a la jornada electoral estadounidense en las principales cadenas de televisión nacionales y del vecino país del norte.
Ese “pésimo estado de ánimo” de inmediato impactó en los mercados: el pánico cundió en las principales bolsas del mundo y nuestra moneda, tan frágil, cerró en casi 21 pesos por dólar en el sistema cambiario. Si se cumplen los pronósticos del Banco de México, este miércoles nos amaneceremos con un tipo de cambio de más de 22 pesos por dólar. Y de ahí ya no bajará.
Ahora se pueden presentar todas las explicaciones que se ocurran: que si las encuestas ya entraron en una etapa de franca decadencia (fallan en todo lo trascendental); que si el “voto oculto” del descontento; que si las redes influyen en demasía y malamente en el sentimiento social; que si Clinton fue mala candidata…
Se puede decir lo que sea y bienvenido el análisis completo. Pero lo cierto es que en las potencias económicas y militares, marcadamente, se abren paso de forma acelerada los políticos y las propuestas de nacionalismo exacerbado y radical; ganan posiciones la cerrazón y el rechazo a lo diferente, y se pavimentan las carreteras hacia modelos económicos que seguro conducirán a nuevas reglas en la comunidad internacional.
Los costos están por verse.
De entre lo más sensato que anoche se escuchó, fue la postura del ex canciller mexicano Jorge G. Castañeda: ahora sí hay que tomar en serio a Trump y ya dejarnos en México, en particular, de análisis más cercanos a los deseos que a la realidad. No hacerlo, nos puede costar altísimo, sentenció.
Fuertes fueron las críticas de Castañeda: se dijo, sin mayor seriedad, que Trump no sería candidato, que era un payaso; luego, ya candidato, se descartó su triunfo por “idiota”. ¿Y ahora? Más vale tomarlo en serio y ya, mejor identificarlo y reconocerlo tal cual es, con todo y sus propuestas, muy a pesar de sus proyectos y amenazas.
Sí, maldita sea. Porque lo que viene no pinta nada, nada bien.
¿El muro? ¿Retención de las remesas? ¿Expulsión de connacionales que trabajan en Estados Unidos? ¿Agudización de la crisis nacional? ¿Más pobreza, inseguridad y desempleo? ¿Tenemos el gobierno nacional suficientemente capaz para enfrentar esta nueva realidad? ¿Tenemos los precandidatos presidenciales idóneos para lo que viene en la segunda década del siglo?
¡Qué preguntas! ¡Qué angustia! ¡Maldita sea!
Lo leyó usted en primeraplananoticias.mx







