La mayoría, no sólo en México, sino a escala mundial, está expectante. La posibilidad no descartada de que el mensaje racista, xenófobo, aislacionista y fascista de Donald Trump se imponga y gobierne en los próximos cuatro años la mayor potencia económica y militar tiene al mundo en vilo.

Hasta ayer, las últimas encuestas y proyecciones indicaban que a pesar de lo cerrada que luce la contienda, el triunfo se perfilaba para la demócrata Hillary Clinton. El estudio por estados y sus respectivos colegios electorales de Reuters/Ipsos pronosticaba, incluso, que la exsecretaria de Estado rebasará con mucho los 270 votos electorales que se requieren para ganar: 303 tendría ella, por 235 del empresario republicano.

Pero a pesar de todas estas proyecciones y sondeos, los analistas  mantienen sus reservas y advierten, prácticamente todos tanto en México como en Estados Unidos y Europa, los riesgos de que el chauvinismo del republicano despierte al conservadurismo estadounidense y el llamado “voto oculto” de la población blanca que se siente amenazada y desplazada, insatisfecha por políticas económicas poco favorables, haga mayoría.

La experiencia que se vivió en el Reino Unido de la Gran Bretaña, cuando contra todo pronóstico se impuso el ‘no’ a seguir en la Unión Europea, es una de las referencias que más preocupa, por cierto.

Ahora bien, y dejando atrás encuestas, proyecciones y análisis, lo único cierto es que hay por lo menos nueve estados en los que no hay claridad sobre las tendencias, que la xenofobia de Trump se abrió paso hasta llegar a los niveles que hoy a todos en el orbe nos tiene preocupados y en alerta, y que la señora Clinton no fue precisamente la candidata más idónea para hacerle frente.

Lo único cierto es que la xenofobia y el fascismo se abren paso en el mundo y son una amenaza real.

Lo innegable hoy, cuando se cierran las votaciones en el muy singular proceso electoral estadounidense, es que las dudas persisten y que el solo hecho de pensar en la posibilidad de que se imponga Trump nos lleva inevitablemente a una conclusión: el mundo será más difícil con un tipo tan violento, tan proclive a la provocación y a veces tan irracional despachando en la Casa Blanca.

Para México en particular, y no está por demás seguir insistiendo, sería catastrófico.

Así es que hoy -como nunca antes cuando de la elección presidencial estadounidense se trata- ya no es cuestión de esperar algo bueno, sino de desear que lo que resulte no sea lo peor.

Y no queda más que confiar: la pesadilla Trump mañana será un mal recuerdo. Sólo eso.

Lo leyó usted en primeraplananoticias.mx


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