Mucho ya se ha dicho y se seguirá diciendo de aquí a mañana sobre el muy competido proceso electoral estadounidense; los pronósticos no se darán tregua las próximas horas, y en una buena parte del mundo seguiremos confiando en que al final de cuentas, sea derrotado en las urnas y en los colegios electorales el proyecto xenófobo de Donald Trump. Y entre mayor sea el margen, mejor.

También seguirán los debates sobre los impactos que en México habrá, sea quien sea el ganador de mañana. No hay que olvidar, por supuesto, que el resultado que se registre para determinar al próximo ocupante de la Casa Blanca y a la mayoría que despachará en la Cámara de Representantes y en el Senado del vecino país, influirá también en el desarrollo del proceso electoral mexicano, ya en marcha y a un año de que todos los partidos -salvo Morena, que ya lo tiene- definan a sus candidatos presidenciales.

Y de este tema es del que nos ocuparemos hoy en este espacio. ¿Hacia dónde van las propuestas de quienes se asoman como posibles contendientes en el 18? ¿Qué tipo de país traen en la cabeza quienes más probabilidades tienen de ocupar Los Pinos dentro de dos años? ¿Qué discurso, mensaje y personalidad política ganará más adeptos en un país tan distante y tan distinto de norte a sur?

De los que se sabe, el más conocido es Andrés Manuel Manuel López Obrador, dos veces ya candidato presidencial y como ninguno, para bien y para mal, expuesto ante la opinión pública. Con todo, no sobra la pregunta: ¿mantendrá inamovible su propuesta en los próximos 18 meses? ¿Cómo quiere ser visto por los mexicanos y ante el resto del mundo en su tercer intento por gobernar el país? ¿Cómo impactará en su campaña electoral el resultado de los comicios estadunidenses? Decir, como lo dijo esta semana, que todo se reduce a la no intervención a los asuntos internos de una y otra nación, resulta muy simplista. Ni él mismo se la cree.

Y de entre los panistas, por ejemplo, ¿qué traen en sus alforjas Margarita Zavala, Ricardo Anaya y Rafael Moreno Vale? Sería muy bueno para el país, para los mexicanos, conocerlos más allá de las vaguedades que siempre resultan de las campañas estrictamente publicitarias y de promoción personal.

Ya es de tiempo de que le pongan un freno al degenere en el que han caído en el que se ofertan como si fueran un producto. Poco o nada sabemos de sus propuestas sociales, económicas y de su pensamiento político. Si nos atenemos al pasado inmediato, y sabida la influencia que seguramente ejercerá su marido Felipe Calderón, podremos aventurar algo de cómo sería un gobierno con Margarita Zavala como presidenta.

Pero, ¿y de los otros dos? ¿Qué sabemos realmente de Anaya y de Moreno Valle? Gobernar México no es lo mismo que gobernar Puebla, y para poder votar a un personaje como Anaya, se necesita de mucho más que la imagen del niño bien, que camina y habla con seguridad, se viste y rapa a la moda y se proyecta cercano al mundo de los milenials.

¿Y los priistas? ¿Seguirán atrapados en su mundo de las intrigas palaciegas y la subcultura de las componendas, la compra de votos y las inercias del dedazo presidencial?

¿Qué ofrecen y qué representan Miguel Ángel Osorio, Aurelio Nuño, Antonio Meade, José Narro, Claudia Ruiz Massieu y los demás que se acumulen en las columnas periodísticas de las próximas semanas?

Lo mismo pasa con el PRD y sus precandidatos visibles: ¿Cuál es la propuesta de nación de Miguel Ángel Mancera y de Silvano Aureoles?

Y ahí estarán también los independientes: Jorge G. Castañeda, El Bronco… En fin, son tanto y tan poco se conoce de ellos, que resulta preocupante.

¿Qué proponen y qué idea tienen de país los tantos precandidatos mexicanos? Ojalá que el proceso estadounidense sirva para presionarlos a que salgan y den la cara. Hace falta.

Lo leyó usted en primeraplananoticias.mx

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