La mayoría de los analistas especializados en el tema político-electoral de Estados Unidos coincide: la demócrata Hillary Clinton está, a cinco días de los comicios, muy lejos de los 270 votos electorales que se requieren para asegurar el triunfo. 122 votos son los que tendría, más o menos amarrados, por 90 del republicano Donald Trump.
Lo cerrado de la contienda por la Presidencia de la nación económica y militarmente más fuerte en el orbe, está al rojo vivo. Las encuestas que miden el voto ciudadano -que determina el número de sufragios en el Colegio Electoral- establecen un virtual empate técnico.
El peso mexicano, que se ha convertido en algo así como uno de los principales termómetros del curso de las campañas estadunidenses, ha perdido valor frente al dólar esta semana: 50 centavos el acumulado hasta ayer, para ubicarse en 19.50 pesos el tipo de cambio.
No hay buenas expectativas para el cierre de semana, tampoco para el inicio de la próxima, y mucho menos para el periodo post elección, sobre todo si gana Trump. “Será inevitable la volatilidad”, dijo ayer el presidente del Banco de México, Agustín Carstens, quien sin embargo se negó a hacer algún pronóstico sobre el tipo de cambio.
Analistas y consultores bancarios, en cambio, sí tienen hecho el cálculo de los daños que provocaría el nada descartable triunfo del magnate: el tipo de cambio superaría los 22 pesos por dólar. Sería catastrófico para la mayoría de las familias mexicanas por el impacto inflacionario.
Cunde el pánico, pues, y no hay razones hoy por hoy para el optimismo. No, porque en Estados Unidos, nuestro vecino y “principal socio comercial” donde radican millones de connacionales, reapareció, creció y se consolidó el mensaje xenófobo y racista. Menos porque quien lo encabeza, Donald Trump, ha concentrado ese mensaje de odio sobre los mexicanos.
Hay tensión y nerviosismo, por supuesto. La débil economía mexicana, sumada a la crisis social, política y de inseguridad, son una peligrosa combinación frente a la amenaza que se asoma desde el país del norte.
Sí, que gane Clinton. Sería, si no lo mejor, si lo menos peor para México y para el mundo. Pero esto no es de deseos… Y más valdría ser realistas. Y qué plan tienen en Los Pinos, por cierto?
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