Juan Antonio Magallán
Fotos: Gustavo Vega

Santa Fe, Michoacán.- Los rituales en torno a la celebración de la Noche de Muertos (Ánimeecheri k’ejtsïtakua, Ofrenda a las Ánimas en purépecha) en Santa Fe de la Laguna y Arócutin permanecen como en los viejos tiempos. Se trata de comunidades que han sabido “cuidarse” de un turismo avasallante.

A realizar un recorrido en algunos de los altares de Santa Fe de la Laguna se observa la solemnidad con la que ejecutan los ritos. Hay respeto, los turistas no abundan en las calles de la comunidad y se intuye la presencia de las ánimas.

En Santa Fe de la Laguna existe la tradición de celebrar a todos aquellas personas que fallecieron entre el 3 de noviembre y el 31 de octubre. En ese lapso se tiene una serie de pasos de preparación para culminar con las ofrendas a las ánimas, cuya preparación arranca el 31 de octubre y culminan el 2 de noviembre.

Una de las ofrendas visitadas en Santa Fe de la Laguna exhibe un arco formado con flores de cempasúchil, instalada en una pequeña habitación. En el suelo, diversas etapas de plátanos y frutas de temporadas se alzan a 50 centímetros del suelo.

En la habitación estaban los familiares de la persona a la que estaba dedicada la ofrenda. Rememoran su paso por la vida terrenal, pero sobre todo reflexionan sobre la evocación del proceso metafísico de la muerte.

En los pasillos de la casa en donde está ubicada la ofrenda los familiares reparten panes, atoles y pozole a las personas que se integran al momento ritual.

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Arocutín, lúgubre y fúnebre
Otra de las comunidades michoacanas que ha sabido mantener la tradición legada como un sincretismo cultural entre las comunidades prehispánicas y españolas es Arócutin, perteneciente a Erongarícuaro.

Esta localidad tiene la particularidad de tener un cementerio y una iglesia en el mismo terreno. Al ingresar al recinto ceremonial para rendirle culto a las ánimas de inmediato el ambiente se torna lúgubre.

Un cementerio lleno de gente velando y acompañando a las ánimas. Las tumbas se tornan de color amarillo y anaranjado, característico de las flores de cempasúchil, y centenares de velas alumbran el lugar.

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Santa Fe de la Laguna y Arócutin son comunidades homólogas en su celebración a las ánimas en cuanto a la conservación de la tradición. La afluencia turística en ambas zonas es mucho menor a zonas como Pátzcuaro y Tzintzuntzan, municipios en donde la tradición ya es víctima del consumismo desmedido y un turismo antisustentable.

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