En el caso del proceso electoral de Estados Unidos que concluye dentro de una semana, hay dos cosas claras: primera, siguen las malas noticias para México y para el mundo; segunda, que contra todo pronóstico, podría ser esta la elección presidencial más reñida, por lo menos de las últimas tres décadas en el vecino del norte.
Aquí en este espacio lo advertimos luego del tercer y último debate entre la candidata demócrata Hillary Clinton y el republicano Donald Trump, el pasado 20 de octubre: a pesar de todos los pesares, al magnate no se le podía dar por derrotado. Su discurso chauvinista y demagogo lo mantendrán con vida hasta el final y con posibilidades de ganar; en tanto, y a pesar de su bien estructurado discurso y experiencia de gobierno, a la señora Clinton no se le notó avasallante ni decidida a poner punto final a la complicada y sorpresiva rivalidad de Trump.
Para colmo, el pasado fin de semana, el director del FBI, James Camey, decidió reabrir la investigación sobre la candidata demócrata por el uso de un servidor privado para sus correos electrónicos durante su paso por el Departamento Estado. El anuncio de Camey pesa mucho en el ánimo estadounidense, sobre todo por la puerta siempre abierta de que pudiera tratarse de temas y asuntos de seguridad nacional. Y estas fibras son muy sensibles para los electores.
La nueva intervención del FBI en un caso que parecía cerrado desde julio, agosto pasados, se dio el viernes. Tres días después, el impacto en la campaña de Clinton ha sido demoledor: las encuestas ayer volvieron a cerrarse. La campaña de Trump tomó aire y los ataques contra la ex secretaria de Estado fueron furibundos.
De nada o de muy poco -para el caso es lo mismo- sirven ya las protestas demócratas por una presunta intromisión del FBI en el desarrollo de las campañas; irrelevantes sus exigencias para que Camey haga públicas las probables nuevas evidencias en los correos de Clinton que lo obligaron a reabrir una investigación. Simplemente no lo hará.
El daño a la campaña de Clinton está hecho. De nada sirven tampoco las filtraciones periodísticas sobre supuestas nuevas pruebas del no pago de impuestos de Trump en la década de los noventa, porque si de filtraciones se trata, estos son días favorables para el pelirrojo y alucinado magnate: según The New York Times no hay ninguna prueba que lo vincule con el presidente ruso Vladimir Putin y el hackeo a las cuentas de los demócratas.
En todo caso, lo que el FBI concluyó -cita el rotativo- es que las acusaciones contra el candidato republicano carecen de fundamento y no tienen otra intención mas que alterar las campañas y “no apoyar a Trump”. Otro duro golpe para Clinton, quien en aquel tercer debate había acusado a su rival de ser “marioneta de Putin”.
Malas noticias, pues, para México y para el mundo. El chauvinismo de Trump vive. Desafortunadamente puede hasta ganar el próximo martes.
Serán días largos y de mucha presión, sobre todo para nuestra moneda. No son días de optimismo. Tal vez lo único que queda es la esperanza.
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