Alejandro Báez
Primera Plana Noticias
Morelia, Michoacán.- Una mujer desnuda. Dos leones rugiendo. Un ángel sosteniendo su enojo. Una cámara de cine filmando. Parecería el set de una película pero fue una escena cotidiana en el jardín de Las Rosas. El escultor Javier exhibía sus obras a escasos 50 metros de donde las alfombras rojas del 14 Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM). La gente iba y venía por la calle de Santiago Tapia. La mayoría con su gafete de acreditación, ya sea de prensa, de staff o de invitado a esta feria del cine que atrae a realizadores de todo el mundo.
Durante 10 días, del 21 al 30 de octubre, lo mejor del cine mundial se dieron cita en la ciudad de la cantera rosa para pasearse, fotografiarse, dar autógrafos, saludar a los espectadores, dar conferencias, recibir la ovación del público, ser premiadas, quedarse a medio camino de las diferentes competencias pero siempre hacer de Morelia, durante esa decena de días, la meca de cine internacional.
Luces, cámara… ¡¡ACCIÓN!!
Atrás quedaron ya las pasarelas. Aún retumban en los oídos de los asistentes a este homenaje del cine internacional, los gritos de los asistentes a la alfombra roja previa a la inauguración del FICM, justo antes del estreno de Neruda, cuando la vlogera Yuya y el actor Gael García Bernal bajaron de sus carros, con una hora de diferencia, para ingresar al complejo cinematográfico. Ambos, humildes, se acercaron al respetable, como decían los clásicos, para tomarse la selfie o saludar de beso y mano a los presentes.
También atrás han quedado las declaraciones de funcionarios, públicos y privados, que aprovechan el marco del Festival de Cine para hacer declaraciones importantes sobre cultura, sobre su importancia, sobre el impacto, sobre la derrama económica, aunque el resto del año sea letra muerta y guarden su discurso para el próximo festival, sea el que sea.
Atrás también quedaron los encuentros fortuitos y no tanto de personajes, realizadores, actores, directores, guionistas, productores, por los distintos bares y cafés del centro de Morelia.
A los mediáticos se les acosaba; así se les podía identificar fácilmente. Allí estaba, entre otros muchos, Willem Dafoe, Audrey Tautou o Damián Bichir, quienes salieron a la calle a ser, además, turistas en Morelia. Una forma de pulsar a la gente y llenar de sorpresas a los paseantes.
—¡¡Mira!! Allí está…
—¿No es aquél…?
—Está guapísima…
Los menos mediáticos, los rostros ocultos de la industria del cine internacional, se movían con más confianza por las calles y tiendas sin levantar sospechas ni atenciones especiales. Se les reconocía por su gafete negro y porque, en general, nunca se movían solos.
Corte a…
La prensa de todo el mundo se dio cita. Especializada o no, se reunieron en torno al cine. Lo mismo críticos que reseñistas que improvisados estaban a la caza de una nota para sus medios.
Los que también se dieron cita fueron los asistentes a las cientos de funciones que se dieron a lo largo y ancho del FICM. Algunos, por ser verdaderos conocedores y degustadores del cine. Otros, porque solo les gusta el cine. Los de allá, ¿por qué no? Los de acá, pues no había nada que hacer y a lo mejor veían a alguien famosón. El caso es que las butacas estaban ocupadas y hasta oportunidad de ver una sorpresa en película, en documental o en cortometraje.
Se podía notar quien no había entendido la película o la había disfrutado por la cara con la que salían del cine. Tampoco faltaban los que, dándose aires de intelectualidad posmoderna, salían de la función tratando de explicar el por qué de la fotografía o el mensaje profundo del director o el histrionismo de la primera actriz.
—Todo es cuestión del palimpsesto que el guionista hizo…
—El mensaje social se convirtió en panfleto ideológico por la historia del director…
—¡Qué fotografía! Esos planos eran sublimes, eran de una maestría artística…
Todos se convierten en expertos o por lo menos tienen algo que decir sobre cine durante una semana. Es parte de la magia del Festival Internacional de Cine de Morelia.
¡Corte! Se imprime
El domingo 30 de octubre; media tarde. El sol cae a plomo sobre los paseantes que se dan cita en la Plaza de Armas o en la Plaza Melchor Ocampo o que caminan tranquilos por los Portales, buscando sin buscar, con ganas de ser encontrados por nadie o por nada.
Desde las mesas se escuchan los temas de la Fórmula 1 en la ciudad de México o las declaraciones del político en turno o del triunfo del Monarca, sorpresivo pero muy necesario.
Son los temas de siempre. La vida cotidiana comienza a recobrar su espacio en el centro de Morelia. Las tunas tocan sus canciones con sus trajecitos del siglo XVIII.
Las camionetas oficiales del FICM van desapareciendo del paisaje urbano del que fueron parte durante 10 días. Ya nadie trae su gafete al cuello. Ya no es necesario. Si se forma parte o no del Festival, ya no se nota. Ahora son solo turistas en espera de una cerveza o con ganas de llegar al aeropuerto y regresar a su lugar de origen, lo mismo Yucatán que la ciudad de México que Nueva York, Los Ángeles, París, Londes o cualquier lugar del mundo.
Se terminó el 14 Festival de Cine de Morelia. La claqueta ya no escucha. La película terminó. Las pasaras se desmontan para abrir paso a la circulación natural de las calles. Los cafés, bares y restoranes renuevan su clientela por la habitual. Todo regresa a la normalidad.
Ahora las calles se llenan de calaveras, de catrinas, de pintarrajeados que esperan una moneda en vísperas de Halloween o de Noche de Muertos. Hasta ir al cine recobra su cotidiano encanto de ir por las palomitas o por el ligue.
El festejo de la cinematografía que reúne a lo más selecto del mundo en Morelia terminó. Hasta el año entrante. Hasta noviembre de 2017. En el 14 Festival Internacional de Cine de Morelia cayó el telón. Las salas encienden sus luces. La gente abandona las salas.
La próxima función, la inaugural de la emisión 15 del FICM será en 52 semanas.




