Alejandro Báez
Morelia, Michoacán.- Lorenzo Hagerman es un fotocineasta quien, en un cuarto de siglo, se ha consolidado como uno de los realizadores mexicanos más importantes. Su ficha, según el Festival Internacional del Cine de Morelia (FICM), establece que “su trabajo como Director de Fotografía en Heli (Amat Escalante, Mejor Director en Cannes) recibió́ la Rana de Plata por Mejor Cinematografía en Camerimage. Fotógrafo y co productor en Which Way Home, de Rebeca Cammisa, nominado al Óscar como Mejor Documental en 2010. Su primera película como Director, 0.56% ¿Qué le pasó a México?, se estrenó́ en IDFA y recibió́ el premio del jurado en DocumentaMadrid. Su segundo documental, H2Omx, dirigido junto con José́ Cohen, recibió́ el Ariel de Plata al Mejor Documental en 2015”.
En esta 14 emisión del FIMC presenta dos proyectos. Todo lo demás, de Natalia Almada, en donde fungió como Director de Fotografía, y el documental Aquí Sigo, de su propia autoría, forma parte de la Sección de Documental Mexicano de la Selección Oficial del 14º FICM.
Estas son sus opiniones sobre el cine, el FICM, sobre el papel del fotógrafo de cine y sobre su propio trabajo.

La fotografía de cine mexicana
El director de fotografía siempre ha tenido un lugar en el cine. Yo no creo que a partir de Emmanuel El Chivo Lubezki se le haya dado más importancia al fotógrafo. El director de fotografía es el segundo a bordo en el set, sólo después del director.
El director de fotografía siempre ha tenido una gran responsabilidad en el rodaje. Con el éxito de Lubezki lo que se reafirmó fue la importancia de la fotografía mexicana a nivel internacional. El Chivo se colocó como uno de los mejores fotógrafos a nivel mundial, codeándose con Bruno Delbonnel, Rodrigo Prieto, Roger Deakins. Lo que hizo que la fotografía se pusiera en el mapa es que de dos de estos cuatro fotógrafos son mexicanos.
El fotoperiodista es el ojo de la película en el set. Esto es una cuestión práctica. Nadie, en el set, pueden empezar a trabajar en la escena, nadie puede, hasta que el fotógrafo determina el cuadro. Esto tiene que ver con la dinámica de cómo funciona un rodaje. Por ello el departamento de fotografía es enorme pues no solo contempla lo que está alrededor de la cámara sino que también es la iluminación, los gaffers… Sin embargo, en la construcción del lenguaje de una película, la fotografía no es ni mayor ni menor que otro departamento de la producción
La realidad de la industria del cine
La industria del cine en Estados Unidos se maneja de manera muy diferente a cómo se hace en el resto del mundo. La principal diferencia es que en los Estados Unidos, la industria del cine es totalmente privada. En el resto del mundo, los fondos públicos juegan un papel importante. Por ejemplo, en Europa, estos fondos públicos están para defender la industria local de Hollywood, pues la fuerza de los estudios estadunidenses, especialmente en la distribución, es brutal.
México está muy limitado porque no tiene una televisión pública sólida. Uno como cineasta no hace una película y piensa “A ver si la toma Canal 11” porque no tienen recursos ni siquiera para pagar los derechos de transmisión.
En otros países del mundo, inclusive en América Latina, las televisoras públicas son la ventana natural del cine independiente o del documental. Tan así, que en muchos países, las televisoras públicas entran en coproducción. Aquí en el Festival de Morelia vimos películas producidas pro Arte, por la televisión de Dinamarca o la porque se saben parte de la industria.
En México, la televisión pública es totalmente marginal. Y yo sí creo que en el país hay una industria como tal del cine pero tiene serios problemas de distribución que tienen que ver con vicios burocráticos, de gremios, de sindicatos.
Una televisión pública no debería ser una que controle el gobierno sino una en donde la gente es la que mete los contenidos. Por ejemplo, la BBC de Londres coproduce muchísimo con productoras independientes. Hay convocatorias de la BBC para producir que lanza a las diferentes productoras.
Esto no se da en México. Canal 11, por ejemplo, produce sólo con su equipo. Aquí no hay interés por la producción en las televisoras públicas y eso que hay como 35 a lo largo del país. No tienen recursos para financiar ni siquiera asociándose entre todas las televisoras públicas para bajar costos por vicios y control del gobierno
Sus propios orígenes
El origen de casi todos los fotógrafos de cine se da entre la publicidad y las películas; sin embargo yo empecé más en el área de periodismo y mezclaba el trabajo entre la ficción y el documentalismo. Empecé haciendo reportajes para televisión extranjera, de mediano formato, de 20 a 30 minutos, para la BBC de Londres. Por ello me deslindé del gremio del cine y de la publicidad. Mi escuela es la foto directa, el fotoperiodismo.
Cuando estaba a mitad de la carrera de Comunicación dejé la universidad un año para irme a trabajar a Australia. Allí fue cuando decidí que quería ser fotógrafo. Fue la época del final de la primera guerra con Irak, cuando Sadam Hussein había invadido Kuwait. Unos años antes, a finales de los 80 había sido la Perestroika en Europa del este que estaba llena de crisis políticas: Yugoslavia se estaba desmoronando. Estuve en Rumanía y aún se veían los balazos en las paredes; no hacía ni un año que había caído Nicolae Ceaușescu… Yo reportaba desde Yugoeslavia vía teléfono pues no existía Internet todavía.
Era el final de una era periodística.
Cuando regresé a México, la experiencia del viaje y de la corresponsalía, me conectaron más con el mundo del fotoperiodismo. Trabajé con Epigmenio Ibarra (el dueño de la productora Argos) y con Carlos Payán (el fundador y primer director del diario La Jornada) en los años 90. Me tocó el tiempo de levantamiento zapatista. Esa fue mi escuela.
A pesar de tener tanto arraigo con el fotoperiodismo, nunca me desarraigué de la foto de ficción. Yo estaba con Epigmenio Ibarra trabajando y al mismo tiempo hacía con Jorge Bolado El segundo siglo (http://www.cinetecanacional.net/php/detallePelicula.php?clv=99), que fue el primer largometraje que filmé.
También mi formación en documental, más que en periodismo, hizo que muchos directores que tenían proyectos y deseaban una fotografía menos manipulada, más directa, se interesaran en mi trabajo.
Los festivales de cine
Yo no soy mucho de festivales, no es que no me gusten pero yo prefiero trabajar. En general, los festivales, para los cineastas, no son cómodos, no son una panacea. Uno viene a trabajar no por los premios: a ver a productores, a distribuidores… Uno viene sí a ver qué hay pero es mucho trabajo un festival.
Y es que también el cine es otra cosa. Hay películas que son para festivales y otras que no lo son. Desde que se está haciendo una cinta, hay una planeación para saber cómo se va a distribuir para que le llegue a la gente
En México hay un fenómeno de festivalitis. Tengo entendido que el único fondo público de CONACULTA, que no son a través de IMCINE, que se le puede dar a la iniciativa privada es para hacer festivales. Esto ha generado que todos los estados de la República quieran tener un festival de cine. En México hay más de 80 festivales de cine, lo que también es ilógico y todos son financiados por gobierno.
Este fenómeno surge en los últimos 10 años. Hace dos décadas, el Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG) era el referente en el año donde se daban cita todos los distribuidores de otros festivales y productores del cine; sin embargo, poco a poco, el Festival de Guadalajara se ha ido convirtiendo en algo más industrial y a pesar de lo grande que sigue siendo el FICG, el de Morelia se ha posicionado más en el mundo del cine independiente. Es más puntual, tiene una gran programación.
Un festival, cualquiera, para que surja como importante, deben de pasar más de cinco años; ninguno empieza siendo importante. El nivel de referencia que tengas es algo que se gana con el tiempo, la consistencia, la frecuencia
La programación del Festival Internacional del Cine de Morelia (FICM) está bastante bien; no solo la que está en competencia sino también todas las proyecciones especiales, los estrenos internacionales. Cada vez más el FICM tiene las posibilidades de brindar la posibilidad de ver lo que estuvo en ese año o viene el siguiente año; marca una fecha importante en el circuito de distribución y de presentación del cine mexicano. Es una muy buena plataforma. Cualquier película que te metas a ver en el FICM, por alguna razón está allí y vale la pena. Y eso no es fácil en los festivales. En ese sentido, yo creo que el FICM ha llegado a un nivel muy alto, lo que es bueno para el público y pata la industria del cine pues además es un lugar de reunión donde hay propuesta.
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