Por Alejandro Báez
Para Gris, porque corremos para que el destino no nos alcance.
La relación sentimental es tortuosa. Lo mismo va de la indiferencia a los celos, del amor pletórico al odio más acérrimo, de la violación a la seducción. La mutua dependencia empezó en 1902; es decir, lleva 114 años de noviazgo no siempre bien avenido.
Han cambiado de nombre con los años pero no de objetos. Lo mismo se ha llamado Le Voyage dans la Lune (Viaje a la Luna, 1902) de Julio Verne y Georges Méliès, quienes fueron los iniciadores de este romance que ha tenido unos ires y venires del carajo, como le dijo Fermina Daza a Florentino Ariza, hasta Peter Jackson y J. R. R. Tolkien.
Algunos momentos en esta relación idílica y convulsionante han sido harto placenteros, como cuando se unieron Lyman Frank Baum y Victor Fleming en 1939 para originar The Wizard of Oz (El mago de Oz); otros, han sido ríspidos y con conatos de ruptura y denostación, como el desplante que tuvo Stephen King, en 1980, con Stanley Kubrick por su producto The Shining (El resplandor).
También ha habido infidelidades múltiples. Ernest Hemingway es ejemplo de ello. Sostuvo relaciones con John Sturges, Henry King y Fred Zinnemann, en 1958; con Jud Taylor en 1990 y con Aleksandr Petrov en 1999 para engendrar tres versiones diferentes de The Old Man and the Sea (El viejo y el mar).
Algunas veces, la relación ha sido aplaudida y hasta multipremiada. La mancuerda formada por Margaret Mitchell y B. Reeves Eason, Sam Wood, William Cameron Menzies, George Cukor y Victor Fleming (aunque este último queda como el oficial) les valió diez premios Óscar por Gone with the Wind (Lo que el viento se llevó, 1939) o Ben-Hur (1959), que con 11 premios Óscar premió la relación entre Lewis Wallace y William Wyler.
También tenemos algunas relaciones destacables nacionales. Una de ellas, además de todo, polémica y controversial, como todo lo que tiene que ver con la pasión y la objetividad, fue Robinson Crusoe (1959), surgida de la mancuerda de Daniel Defoe y Luis Buñuel quien, además, también mantuvo una relación con Rodolfo Usigli, de donde resultó Ensayo de un crimen (1955).
Hay momento en que la relación se convierte en edulcorante con ataque de diabetes incluida. Las múltiples relaciones de Walt Disney son ejemplo. Cuando se unió con John Musker y Ron Clements para dar a luz The Little Mermaid (La Sirenita, 1989), por una parte terminó la conocida etapa oscura para dar inicio al renacimiento de productos Disney; sin embargo, la búsqueda de un nuevo comienza les obligó a matizar tanto la dureza y crueldad del original que su producto es una caricatura, en todos los sentidos.
La lista sería interminable para seguir enumerando este romance entre el cine y la literatura. Buenas, malas, memorables, olvidables, inolvidables, del gusto del público, las repudiadas… No hay cine sin literatura. Incluso los guiones originales casi siempre hacen guiños a historias, cuentos, novelas escritas. Una película es mirar un libro. Un libro es leer una película.
Sin embargo, la coincidencia de que en las mismas fechas y con una cuadra de distancia esté la 9 Feria Nacional del Libro y la Lectura Michoacán 2016 de la sede del 14 Festival Internacional de Cine en Morelia (FICM) parece fortuita y hasta advenediza.
Ya no importa si la Secretaría de Cultura del estado de Michoacán se aprovechara del movimiento de gente que provoca la FICM o se diera por una fortuita casualidad (en política y más cuando no existe una verdadera agenda, como nunca la tuvo Salvador Ginori Lozano, no existen las coincidencia sino los deslices provocativos), el hecho es que del Centro Cultural de Clavijero al Cinépolis del centro existe media cuadra de distancia. Tramo perfecto para salir de los restoranes de Las Rosas, pasar al cine y salir a ver los libros exhibidos; o viceversa.
El problema es que la relación romántica entre literatura y cine, al parecer, no funcionó del todo en Morelia.
Desde su inauguración, el pasado 20 de octubre, hasta el momento, el movimiento de visitantes a la Feria de Libro y la Lectura no ha sido satisfactorio. A una semana, siguen por debajo de sus propias expectativas.
Los encargados de organizar la Feria del Libro están todo el día nerviosos. Los libreros están a disgusto pues no han vendido lo que se esperaba, igual que les ocurrió en 2015. El año pasado, la Feria fue la última semana de marzo, del 20 al 29, y aún se realizó en las instalaciones de la Casa de la Cultura, en la avenida Morelos #485. Fue un fracaso absoluto.
Durante la 8 Feria del Libro y la Lectura no hubo promoción ni invitados especiales ni escuelas ni precios accesibles. Los sellos editoriales y las librerías se quejaron amargamente con las autoridades gubernamentales. No habían vendido nada y estaban dispuestos a boicotear la emisión de 2016.
Por eso se cambió la fecha y la sede. Todo en la misma línea del FICM. Pero los errores siguieron igual. Apenas el miércoles empezaron a salir los anuncios en televisión, después de una semana de haber inaugurado y a cuatro días de clausurar. También los precios de los libros son los mismos que existen en forma comercial.
Quizá para reforzar la unión necesaria entre literatura y cine, en el Clavijero se exhibe, en la sala 8, una retrospectiva titulada Buñuel Mexicano, en donde se da cuenta de las 21 películas que filmó en el país. Fotografías de las cintas, una cronología, algunos carteles de época pero ningún ciclo fílmico. No hay exhibiciones de las películas y eso que Los olvidados (1950) es una de los cuatro largometrajes que la Unesco tiene nombradas como Memoria del Mundo.
Por ello no es extraño que la gente que llega y se asoma a los locales con libros, den una vuelta y se vayan al cine. Máxime que no hay señales de que en el piso superior también hay puestos con material bibliográfico y didáctico. La gente se asoma al primer patio. No alcanza a ver el segundo ni la planta alta.
Pero mientras la 9 Feria Nacional del Libro y la Lectura Michoacán 2016 no termina de levantar, el 14 FICM mueve cualquier cantidad de gente. Claro, hay funciones que atraen más que otras a los espectadores, pero ni remotamente es un fracaso.
La relación de amor tortuoso entre cine y literatura no tiene fin. No podemos afirmar que sea una relación fracasada pero tampoco podemos lanzar las campanas a los cuatro vientos.
Es, para siempre, una relación de odio y amor, independientemente de Ferias de Libro o de Festivales de Cine. Se necesitan, se complementan, se ayuntan, se muerden, se coquetean, se toquetean, se separan, se juntan, se divorcian, se respiran, se transforman, se destruyen… Mientras existan libros, habrá películas; mientras existan películas, se escribirán libros.
La mejor película es la que nos obliga a leer un libro; un buen libro es aquel que se convierte en una buena película. Ambos, cine y libros, están hechos para mantener al ser humano en una constante progresión de sentimientos y estados de ánimo. Odiamos, amamos, nos encelamos pero, sobre todo, nos entretenemos. Por eso su mala relación. Compiten entre sí, como los amantes eternos que son.
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