Juan Antonio Magallán / Fotos: Gustavo Vega

Tarímbaro, Michoacán.- Los campos de Tarímbaro se ha teñido de amarillo, morado y blanco. Es el municipio conurbado con la capital michoacana, el productor de “Flor de Muerto”, por excelencia. Aquí se cultivan las flores que le van vida a los altares del Día de los Fieles Difuntos: Cempasúchil, mota o pata de león y nube.

En el recorrido por la tenencia “El Colegio” se aprecian espectáculos cromáticos naturales; desde el verano, los productores  comienzan la plantación; meses después brotan las flores que darán vida a las ofrendas dedicadas a los que ya se fueron, pero que volverán a los camposantos a reunirse con los suyos, la noche de 1 de noviembre. Así dice la creencia del pueblo purépecha.

Los floricultores de esta zona sufren los regateos de siempre al precio, pese a que bajo costo abastecen el mercado de los municipios de Morelia, Pátzcuaro, Uruapan, hasta la Costa, y de otras ciudades como Guadalajara. Su flor ya se vende también en estados vecinos, refiere Agustín Pérez Ortiz, integrante de una de las familias de productores.

Agustín Pérez se ha dedicado la mayor parte de su vida al cultivo de cempasúchil, mota y nube, pero a medida que han pasado los años, la venta no deja “más que para irla pasando”, dice.

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Sin embargo se muestra optimista de que sus ventas serán mejor que las de 2015, pues recuerda que hace un año el Huracán Patricia dejó pérdidas incuantificables entre los productores de flores en Michoacán.

“Siento que va  a estar mejor que el año pasado. Sembramos 27 surcos de flores por año, de los cuales 15 son de cempasúchil,  siete  de motas y cinco de nube. Nuestras flores acaban en Álvaro Obregón, Lázaro Cárdenas, Guadalajara, Morelia, Uruapan, Pátzcuaro, entre otros lados”, comparte el agricultor tarimbarense.

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Sembrar en tierra prestada
Pese a que la familia de Agustín Pérez  se ha dedicado toda su vida a esta actividad, el hombre trabaja “al tercio”, lo que significa que el dueño de la tierra se lleva una tercera parte del total de producción y los agricultores el resto, pero éstos invierten tiempo, dinero y esfuerzo para intentar vender un manojo de flores en 15 pesos.

“Nosotros ponemos todo, mientras el dueño sólo pone la tierra, y si bien nos va, vendemos los manojos en 15 pesos, pero a la gente se le hace cara”.

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Trabajo de generaciones
Don Agustín Pérez comparte que durante toda su vida se ha dedicado a trabajar la tierra. “Desde que estaban mis abuelos, nos enseñaron a cultivar; aunque anteriormente sembrábamos en el cerro porque llovía más, pero ahora no llueve igual y nos toca sembrar en parcelas”, lamenta y muestra afectaciones para producir que ha arrastrado el cambio climático.

La siembra comienza en agosto y la cosecha inicia en la última semana de octubre. Después del temporal de flores de cempasúchil, motas y nubes, las tierras descansan un mes y el resto del año, son usadas para producir diversos vegetales como chiles, jitomates, repollo, cebolla y chícharos.

“La tierra es fértil, pero en tiempo de lluvia los cultivos se llenan de plaga de ‘la gallina ciega’, que son bichos que salen de la tierra cuando hay agua encima y comienzan a comerse todo a su paso”, notificó.

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Invierten 10 mil, sacan lo mínimo
Gustavo Calderón, otro de los agricultores de Tarímbaro, refiere que para la producción de flores en esta temporada se invierten, entre semillas, fertilizante y plaguicidas, cerca de 10 mil pesos; sin embargo “apenas sale para seguir trabajando”.

“La verdad, la venta no es muy buena, a veces llueve y se te acaba mucha producción y otras veces llueve poco y también afecta, el clima lo va diciendo todo”, expresa.

Ser agricultor es arriesgar y no hay ganancia
La realidad de los pequeños productores del campo michoacano radica en que “arriesgan todo” y no hay ganancia real, asegura  Gustavo Calderón.

“Cuando eres agricultor lo arriesgas todo, no hay ganancia, no hay apoyos. El gobierno dice que apoya a los campesinos, eso es mentira; en las heladas, muchas plantas mueren y no hay apoyo, no se diga de algunas semillas que cuestan hasta 3 mil pesos”, lamenta.

El clima y la falta de apoyos gubernamentales son los mayores avatares a los que se enfrentan los agricultores locales; “cuando hay campañas (electorales) a los candidatos no los sacamos de aquí, una vez que llegan al poder, nos ignoran”, reprocha el agricultor michoacano.

Detrás de cada pétalo de estas flores, famosas más allá de las fronteras nacionales,  que cada año adornan los altares de muertos en los panteones de Michoacán, oficinas públicas, escuelas e instituciones diversas, hay historias de productores semejantes a las de Gustavo Calderón  y  Agustín Pérez, que “arriesgan todo y no hay ganancia real” para su producto.

La súplica es a los consumidores: que valoren su trabajo y lo paguen… pero sin regateos.


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