ECONOMÍA PARA (políticos) DUMMIES
Uno de los problemas endémicos de México es la recaudación fiscal. No solo por lo mucho que cobra de impuestos sino por la nula e incorrecta aplicación de estos a la economía del Estado, lo que genera una evasión enorme por parte de la población.
No hace falta ser un economista o un experto en finanzas para saber que en cualquier época y en cualquier país, los Estados, entendiéndolo como la administración de una nación o región, es una entidad burocrática que no genera capacidad financiera pero debe de gastar mucho dinero.
La manera en cómo los estados, desde tiempo inmemorial han solucionado este escollo ha sido con el cobro de impuestos, sea en especie, sea en económico o en servicios. Así, se hace de recursos financiero que redistribuye para poder sufragar los gastos de la administración que ejerce sobre un territorio.
La idea de cobrar esta carga tributaria es para que el ciudadano, en alguna proporción, tenga garantizados ciertos bienes y/o servicios. Así se paga, además de los sueldos de los burócratas de todo nivel, la salud pública, la educación pública, las obras de impacto social, todos los programas de beneficencia y un largo etcétera.
En países más civilizados y más avanzados y mejor administrados que nosotros, por ejemplo Suecia o Noruega, los habitantes en edad laboral y productiva pagan el 80% del total de su sueldo en impuestos. Y nadie se queja.
El 20% que les queda es para gastarlo en lo necesario para su cotidianeidad y sus gustos. Con lo pagado en impuestos ya tienen asegurada las carreteras, puentes, infraestructura, servicio médico, educación hasta el posgrado, luz, agua, Internet y otros servicios que el Estado les proporciona y son servicios de calidad y sin corruptelas en el gobierno para poder generar una buena administración distributiva de los bienes y servicios proporcionados.
En México pagamos entre el 30 y 45% de nuestro salario en impuestos, cuando se paga. Pero con el restante tenemos que pagar otra vez por los servicios que deberían estar ya arreglados para nuestro beneficio social. El sector salud, por ejemplo, es tan malo, que los que pueden, pagan médicos privados; los que no, se resignan a las colas, los malos tratos, el desabasto y las citas con meses de espacio entre una y otra.
Y así, todo lo demás. Pagamos las carreteras para poder transitar; pagamos impuestos a los alimentos y productos que compramos; pagamos impuestos por todo, además de lo que se nos quita de nuestro sueldo.
Y el Estado Mexicano está quebrado. Los gobiernos estatales están endeudados y los impuestos siguen sin funcionar. Unos, los políticos, desde su corrupción, los desaparecen para convertirlos en caja chica particular; y otros, muchos ciudadanos, desde su hartazgo y falta de visión social, que los evaden. Es el círculo perfecto para el fracaso económico.
Y ahora, el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) propuso a los gobiernos estatales volver a cobrar a los ciudadanos el impuesto de la tenencia vehicular para asegurar la estabilidad de las finanzas locales ante los recortes de participaciones federales.
¡¡Bien, México!! Con un pensamiento así de progresista, de interés social, de beneficio colectivo, de búsqueda de ayuda a la comunidad, lograremos salir del agujero que los políticos corruptos (perdón por el pleonasmo) crearon para todos, menos para ellos.
Pero el jefe máximo del país, el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, no se levanta pensando cómo joder a México. México se jode solo votando por ellos.
La economía del país es mala, es frágil, es vulnerable. Los impuestos son un latrocinio. Mientras tengamos a un Duarte, a un Videgaray, a un Osorio Chong, a un Fox, a un Calderón, a un Zedillo, a un Salinas de Gortari, a un Madero, a un Zambrano, no importa que paguemos o no los impuestos, poco importará que nos quieran volver a cobrar la tenencia, poco importa que seamos evasores: México no avanzará.
Pero esto es tan solo mi opinión.







